viernes, 26 de junio de 2009

“SE DEBE PENALIZAR AL EXPENDEDOR, NO AL CONSUMIDOR”: FABIO HUMBERTO RIVERA

Por: Lina María Moreno Restrepo
linis_m91@hotmail.com

Fabio Humberto Rivera, opina que se deben penalizar el tráfico y el expendio de drogas, no el consumo; y que al consumidor, el Estado debe brindarle tratamientos de obligatorio cumplimiento.

El tema de la dosis personal ha sido objeto de debate desde hace ya mucho tiempo.
En 1994, el ex-magistrado y ahora presidente del Polo Democrático, Carlos Gaviria, logró que se despenalizara su consumo. Por otro lado, el Presidente Álvaro Uribe, ha presentado ante el Congreso, cinco veces un proyecto de ley que penalice la dosis mínima, y quiere tener una sexta oportunidad.
Mientras tanto, numerosas encuestas manifiestan cifras aterradoras sobre el uso de drogas: según un informe del diario El Espectador, cuatro millones de colombianos han consumido drogas alguna vez, y entre ellos, 65.000 son menores de edad[1]. Un estudio del Ministerio del Interior y de Justicia aplicado a 30.000 habitantes, reveló que el 9.1% de la población encuestada (12 a 65 años) ha consumido drogas ilícitas por lo menos una vez en la vida[2]. El hecho se vuelve cada vez más preocupante.
Fabio Humberto Rivera Rivera, médico y presidente del Concejo de Medellín, habló sobre el tema de la dosis mínima y el uso de drogas en la ciudad.

Lina Moreno: ¿Qué opina de la decisión del Presidente de presentar por sexta vez un proyecto de ley que penalice el consumo de la dosis mínima?
Fabio Humberto Rivera: Históricamente, Colombia ha sido un país que trafica cantidades enormes de cocaína, heroína y marihuana para el resto de países del mundo. Pero a medida que pasan los años, Colombia se ha vuelto también un país consumidor.
Medellín es la ciudad de mayor consumo de marihuana en Colombia y le sigue Cali, según un estudio presentado ayer en televisión.
Yo soy médico y creo que meter a la cárcel a una persona porque consume marihuana, consume coca o bazuco, no es la solución. A los consumidores se les debe tratar como personas adictas, y por lo tanto el sistema de salud debería tener propuestas para dar tratamientos a estas personas, más que una ley para penalizarlos.
Sin embargo, también hay que buscar una normatividad que permita penalizar a quienes, escudados en la dosis personal, mantienen 4 ó 5 dosis para venderlas. Hay que coger esas casas de vicio.
Al vendedor se le debe penalizar. Al consumidor, al que es adicto, se le debe tratar en el sistema de salud.

L.M.: En Colombia, por un lado se lucha para erradicar los cultivos ilícitos, pero por el otro se permite el consumo de la dosis personal ¿Qué se debe hacer para tener un equilibrio?
F.R.: A un adicto, que es un enfermo, no se debe tratar con la cárcel, hay que garantizarle salud.
Hay que meter a la cárcel es a quien escudándose en la norma, busca mantener pocas dosis y cuando lo cogen se justifica diciendo que es su dosis personal, cuando lo que está haciendo es vendiendo. A ese sí hay que perseguirlo. Al que trae la cocaína y la marihuana para que se vendan en Medellín y a las casas de vicio, también hay que perseguirlas.
Si perseguimos todo el tráfico, toda la cadena y la combatimos, la contrarrestamos, la penalizamos y la llevamos a la cárcel, con absoluta seguridad esto ayudará también a que el sistema de salud pueda tratar al que es adicto.

L.M.: ¿Cómo se ha tratado el tema de la dosis en el Concejo?
F.R.: Hay gente radical que considera que al consumidor también hay que penalizarlo. Yo soy médico y no podría aceptar eso: que alguien que sea adicto a la marihuana haya que meterlo a la cárcel. Pero si ese adicto a la marihuana es a su vez el traficante, hay que llevarlo a la cárcel, pero no por adicto sino por traficante. Hay que penalizar es el tráfico, el negocio de la droga, toda la cadena, mas no al adicto, al adicto hay que tratarlo como enfermo.

L.M.: ¿Es válido justificar el consumo de droga con el artículo 16, que habla sobre el derecho del libre desarrollo de la personalidad?
F.R.: Consumir droga está prohibido y no debe estar apoyado sobre la tesis de Gaviria, de que por derecho al libre desarrollo uno puede hacerlo. Eso no es libertad, es libertinaje. El consumo de droga hay que evitarlo. De la misma manera en que en muchos lugares del mundo está prohibido el consumo de cigarrillo en espacios públicos. Pero el problema no se resuelve metiendo a la cárcel al adicto, el problema hay que resolverlo en su raíz: tráfico, negocio, venta, expendio… y hay que cortar la posibilidad de que el traficante, que es delincuente, se escude en la dosis personal para vender droga. Ahí está el meollo del asunto: el Gobierno Nacional quiere penalizarla porque la mayoría de los que expenden droga, se refugian en la dosis mínima para eludir su responsabilidad ante la Policía y la Fiscalía.

L.M.: ¿Qué opina del paternalismo del que habla Carlos Gaviria para defender el consumo de la dosis mínima?
F.R.: Un país sin normas es anárquico. Los seres humanos tenemos que estar regulados.
En lo social, yo soy de izquierda: reclamo seguridad social, educación gratuita para todos, universidades públicas, un pensamiento social. Pero creo que tengo mucho de centro en el tema de la autoridad, no soy de los que consideran que a los colombianos hay que dejarlos hacer lo que quieran, ni que la comunidad manda así mande mal. Por ejemplo, en una casa que no hayan normas ni autoridad, habrá desorden. Quienes consideran desde la academia que a las personas se les debe dejar hacer lo que quieran, están equivocados. Las normas tienen que existir, un país sin normas entraría en una anarquía.

L.M.: ¿Debería el Estado obligar al consumidor de droga a recibir tratamiento médico?
F.R.: En eso estoy de acuerdo con Fabio Valencia: el adicto debería recibir tratamientos de obligatorio cumplimiento. La libertad de las personas no debe ser tal que permita que se dañen a sí mismos y dañen a los demás. La libertad en un estado social de derecho llega hasta donde empiezan los derechos del otro. La libertad hay que entenderla como no permitir hacerse daño a sí mismo ni a los demás.

L.M.: ¿Qué opina del uso medicinal de las drogas?
F.R.: Yo soy médico occidental y tradicional, no yerbatero, pero respeto a quienes hacen medicina desde las plantas, desde que estén basados en el estudio y análisis de las propiedades químicas de éstas. Por ejemplo, la morfina es utilizada para manejar el dolor en pacientes terminales con cáncer, y en ese caso está aceptada por el Estado. Pero hay también quienes la utilizan para drogarse todos los días. A ese adicto a la morfina hay que posibilitarle un tratamiento para que se regenere. Un adicto tiene, no sólo problemas de salud física, sino también mental.

L.M.: ¿Usted cree que si se penalizara la dosis personal, se reduciría el consumo de droga?
F.R.: No creo que se reduzca el consumo. Es como el homicidio: está penalizado y cada vez aumenta más. La penalización no disminuye los delitos. Aquí el problema es educativo, es cultural y de respeto.

L.M.: ¿Qué opina de la marcha que se convocó para defender la dosis personal?
F.R.: No estoy de acuerdo con esa marcha. Yo planteo que hay que prohibir la dosis personal, mas no penalizarla en el consumidor. Hay que educar a los jóvenes. Debe estar prohibido el consumo de drogas, yo no estoy de acuerdo con marchas para defenderlas.

L.M.: ¿Qué se puede hacer para enfrentar el problema de las drogas en los jóvenes?
F.R.: Educación, autoridad y respeto en la familia, autoestima en los jóvenes. Una familia que maltrate al joven, hace que éste busque escaparse de los problemas con la droga. La mayoría de jóvenes prueban la droga, pero sólo se quedan en ella los que tienen problemas en la familia, tienen autoestima baja, que no son seguros, que no se quieren. Hay que reforzar la autoestima en la familia y también en la escuela. Necesitamos mucha cultura, mucha educación y mucho respeto hacia el otro para que los niños y las niñas crezcan con una autoestima que les impida dañarse a sí mismos.


[1] Documento recuperado el 30 de junio de 2009, a las 10:08 a.m., en: http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo120855-son-cuatro-millones-los-colombianos-reconocen-haber-consumido-droga

[2] Documento recuperado el 30 de junio de 2009, a las 9: 56 a.m., en: http://www.mij.gov.co/eContent/newsdetailmore.asp?id=2743&idcompany=2

jueves, 25 de junio de 2009

Un abrir y cerrar de ojos

Cuando nacemos, abrimos los ojos para conocer el mundo.
Cuando envejecemos, los cerramos para olvidarlo.

Cuando queremos ver,
los párpados se nos separan por kilómetros.

Cuando queremos ver mejor,
Simplemente los cerramos.

¡Cuántas veces cerramos los ojos para ver mejor!

Los abrimos para ver,
los cerramos para mirar, para imaginar, para escapar.

Pero los abrimos de nuevo,
para escondernos de los fantasmas internos,
que aparecen en el silencio,
en la oscuridad de nuestros párpados cerrados.

Los abrimos para distraernos,
y los cerramos para divertirnos.

Los cerramos para olvidar,
los abrimos para reconquistar.

Y los volvemos a abrir para olvidar,
para olvidar lo que nos hace imaginar, y soñar, y sufrir.

Los abrimos para volver a la realidad.
Los cerramos para tener minutos de ensoñación.

Los cerramos para visualizar,
pero pronto los abrimos para no chocar.

Y los cerramos cuando estamos cansados del éxito monótono,
para enloquecer por dentro.

Y de nuevo los abrimos cuando no soportamos el fracaso de la fantasía.

Y los cerramos para tener, para sentir.
Y los abrimos para desaparecer, de golpe,
para ser invisibles.

Y así se pasa la vida,
en un abrir y cerrar de ojos,
para ver, para no ver,
para ver mejor, para vivir mejor,
o para pretender no vivir lo que nos toca.

De la cabeza a los pies

De tus ojos, la pupila ya no enfoca la mía.
De tus oídos, el tímpano ya no escucha mis palabras de súplica.
De tu nariz, la mucosa ya no reconoce mi perfume.
De tu boca, la lengua ya no recorre mi cuello desnudo.
De tus labios, las comisuras no se juntan ahora con las mías.
De tu nuca, la piel blanca y delgada no suda pegada a mí.
De tus hombros, los huesos son inmunes a mis masajes.
De tus manos, los dedos inmóviles olvidaron como tocar mi pecho.
De tu pecho, el esternón ya no choca con el mío.
De tu abdomen, el ombligo desconoce ya como encontrar mi estómago desnudo.
De tus piernas, la carne no se trenza ya con las mías.
De todo tu cuerpo, puedo sentirlo.
De todo tu cuerpo, que me olvidaste.
De todo tu cuerpo, puedo olerlo.
De todo tu cuerpo, el olor de que estás muerto.

jueves, 18 de junio de 2009

Yo se lo advertí y no me hizo caso

Yo ya quiero cortar relaciones con el amor.
Odio el amor.
Lo quiero enterrar, vivo.
No con catalepsia.
Sino vivo.
Con el corazón latiendo,
Con la sangre fluyendo,
Las arterias constriñéndose,
Las venas hinchándose.
Vivo, como una lombriz en la tierra.
Con las patas agitándose,
Como una cucaracha,
Lo quiero enterrar vivo.
Por pura maldad,
Por maldad humana.
Oir sus gritos desde seis metros de profundidad,
Y oir los rasguños que hace en la tapa de su féretro,
Oir su garganta rasguñada,
Quedándose sin voz,
Suplicando que lo salven,
Que lo saquen de la tierra húmeda,
Para poder volver a mover sus manos,
Y ahorcarme con ellas.
Quiere que lo saquen porque ya vio que me puedo vengar.
Y quiere que lo saquen porque se quiere burlar de mí,
Convertirme en un objeto,
Creerse Sartre.
Pero yo le quiero hundir un hacha en la cabeza
Y verlo desangrar,
Supurando sangre por todos sus poros,
Y ver sus ojos salidos de las órbitas,
Intentando enfocarme
Para suplicarme que lo salve.
“No señor, yo soy vengativa,
Ya se lo había advertido.
Y le dije que no se metiera conmigo,
Que le hundía un hacha o lo enterraba vivo”.

martes, 16 de junio de 2009

¿Cuál es tu color favorito?

¿Cuál es tu color favorito?
Porque me vestiré de él los días que me queden
¿Cuál es tu color favorito?
Porque te quiero pintar el cielo con crayolas
¿Cuál es tu color favorito?
Porque escribiré unos versos de ese color
¿Cuál es tu color favorito?
Porque cuando te vea me son-coloraré
¿Cuál es tu color favorito?
Porque voy a llevarte a nadar con delfines del color que ames
¿Cuál es tu color favorito?
Que te cocinaré un pastel con aniLINA
¿Cuál es tu color favorito?
Que dibujaré tu rostro en mis sueños
¿Cuál es tu color favorito?
Que cuando te vuelva a ver te rozaré la mejilla con un pincel
¿Cuál es tu color favorito?
Prometo que mis besos serán de ese matiz
¿Cuál es tu color favorito?
Que pintaré las calles con acuarela
¿Cuál es tu color favorito?
Porque te haré una canción con sinestesia
¿Cuál es tu color favorito?
Que me tatuaré el cuerpo del que tú desees
¿Cuál es tu color favorito?
Prometo que la noche ya no será gris
¿Cuál es tu color favorito?
Que el arcoíris ya será monocromático
¿Cuál es tu color favorito?
Que haré un castillo en la arena del color que quieras
¿Cuál es tu color favorito?
Dímelo, dímelo,
que prometo que sólo te amaré con tu color favorito.

lunes, 15 de junio de 2009

Mis fotos en flickr

visita http://www.flickr.com/photos/lina_moreno

Ahorita hablamos...

Miércoles, 5:58 a.m. Hace 15 minutos estoy sentada sobre el suelo frío y la niebla de la mañana me está derritiendo la nariz.

Y allí viene. Casi que derrite el hielo de esta madrugada con su calidez informal.

–Hola Lina, ¿cómo estás? – me saluda mientras me pongo de pie un poco sonrojada.
–Ho-o-la, bien y tú? –lo saludo de beso en la mejilla, poniendo todo mi esfuerzo en que no se me voltee la cara o haga alguna estupidez como babearme-.
–Bien, ehh… bueno, yo…yo..yo quería, pues, quería – se aclara la garganta y vuelve a comenzar –.Yo quería decirte, el viernes que te vi…pues, quería decirte algo, pero no sé cómo decírtelo. Pues, es que…no sé cómo decirte lo que quiero decirte – yo estoy a punto de un colapso nervioso - . Pasé todo el fin de semana pensando en cómo te lo iba a decir, pero no he podido encontrar la respuesta. Por eso no volví a salir – maldito (pienso yo), ¿no ves que no estudié por ir a buscarte a la calle?- pero, pero…
–ehh, emm – mejor no hablo porque se me atropellan las palabras - . Yo, emm, este, lle.., llegó la profe, ahorita hablamos.

Mi obsesión

Ya hace mucho tiempo que no tenía una obsesión. No fue algo así como un proceso; más bien me enamoré de un minuto a otro. Y aprovecho mis cualidades investigativas y detectivescas para ello. Para la ceguera no hay nada imposible, puesto que no ve los límites. ¡Ahh! Y olvidé que como hace rato que ando encerrada, el deseo me hizo salir. Tres veces. Pero sólo lo vi una. Y desde eso perdí el conocimiento. Y descubrí mi inspiración. Lo dibujo, lo canto, lo parodio, lo escribo, lo idealizo. Pero de pronto no es como yo lo imagino. De pronto no existe, o de pronto no lo he vito siquiera. Es más puede que ni me guste. Pero esa es mi obsesión.

domingo, 14 de junio de 2009

YO QUIERO...

Ayer, estaba con una amiga hablando de cosas en las que no queríamos pensar más. Entonces propusimos hablar de otra cosa. Y comenzamos a hablar de una novela: "El amor en los tiempos del cólera". Casualmente menciona la palabra del tema anterior. Entoces yo comenté que más bien era "El amor en los tiempos del AH1N1".
Que alguien escriba una historia así... yo quiero leerla
linis_m91@hotmail.com

Sin título

Septiembre, 2008

Ella era un poema que se deshizo con el viento.
Ella fue una flor que murió en primavera.
Ella fue el papel. Él fue el lápiz.
Se dejó escribir, tachar, borrar, hacer y deshacer.
Al final él la arrugó y la arrojó al viento.
Descalza, como era, voló como una hoja de otoño. Se enredó y se trenzó con las volutas del aire, tranzportando el amargo aroma del amor.
Entonces se deshizo entre jirones de viento.
Ella fue incertidumbre. Fue un sonido leve, casi imperceptible; un sonido de la noche descubierto por él.
Ella fue un dibujo.
Fue una novela.
Ella fue ella sóla y nadie más.
Nadie nunca la quiso.
Excepto él.
Pero él la borró y la arrojó lejos.
Sólo volvieron pedazos rotos de papel, que se mezclaron con el pelo de él. Se arremolinaron en su cara y le recordaron el aroma de esa cándida mujer y el sentir de sus ojos infinitos.

Sin título

Septiembre, 2008

Un olor a cigarrillos inunda mi mente cada que evoco su nombre. Cada una de sus letras me hace estremecer. Su sonido leve y claro me transporta a las noches en que me cobijé con sus brazos y lo llamé por su nombre. A esas noches que eran ciudadelas de lunas y estrellas, cubiertas de melodías hechas sólo para mí. Y veo su cuerpo, claro y frío como lo recuerdo; moreno y salvaje. Sus ojos profundos y más profundos; son un mar; podría quedarme horas mirando esos cristales y jurar que me hundo. Sus manos parecerían tibias, su boca, sus labios, sus besos; podría construir un recuerdo casi perfecto de él. Entonces me acerco, mi mano se acerca, para tocarlo. Pero sé que no es real. No eres cierto. Eres una visión fugitiva, corta, una ilusión procaz. Así que para no perderte no te toco.
Se desvanece en mi memoria y en la poca reminiscencia que conservo. Y su cuerpo vuelve a ser sólo una vana imitación de un recuerdo lejano, ora sin forma, ora sin olor, ora sin sabor, ora sin calor.
Y me parece que con el tiempo olvido su rostro, y me enamoro de quién no conozco. Ya no sé quién eres. Nunca lo supe. Ni supe quién soy. Ni lo sabré. Ni sé si te amo, ni sé si te amé. Sólo sé que te deseo, que te llamo dormida y que despierta te busco por calles vacías. Quiero construir tu cuerpo, tejerlo, probarlo, gastarlo, hasta que sólo queden tus ropas inertes. Aunque...pensándolo bien, ya no te quiero.

sábado, 13 de junio de 2009


Qué pocas épocas

Hay épocas de mi vida que quise no haber vivido,
otras en que prefiero no pensar;
unas que no quiero olvidar, y
otras que deseo recordar cada segundo,
como para volver a vivirlas.

Hay también épocas que no he vivido,
y que no quiero vivir,
otras en que preferiré no pensar;
unas que no querré olvidar, y
otras que desearé recordar cada segundo,
para volver a vivirlas en lo que me quede de vida
y en lo que no me quede también.

miércoles, 10 de junio de 2009

'El fin justifica los medios' (fragmento)

John Dahlberg decía que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El consorcio entre Iglesia y Estado seguía siendo el pan de cada día, y lo seguiría siendo ‘por los siglos de los siglos, amén’. En el siglo XVII, tras largos decenios de régimen absolutista, las masas se revelaron ante quien afirmaba “El Estado soy yo”. Luis XIV, el Rey Sol, como muchos otros, aseguraba estar allí por voluntad divina, con el fin de controlar el pueblo bajo el miedo que impone el ser supremo. La revolución francesa puso punto final al absolutismo para abrir un nuevo capítulo, la burguesía.

La teocracia, pese a que perduró durante varios siglos – aunque con muchas falencias – desapareció prácticamente para el siglo XX, en el cristianismo, valga la pena aclarar. Casi todas las naciones cristianas de hoy, han erigido una muralla constitucional que separa la política y la religión.

Pero los matrimonios que más perduran son los que se hacen por conveniencia, y el de política y religión no es la excepción. Aún ahora, que la constitución ha hecho la separación entre Iglesia y Estado, siguen siendo, si no esposos, amigos leales.

Y ahora – como para continuar con la historia – lo que pasa aquí es que hay un presidente que reza el rosario delante de las cámaras, y que hay gente que cree tanto en él como en Jesús, si es que no lo confunden con el Mesías. Es más, la tía de Daniel Samper quiere inventar una religión en la que el dios es Uribe.

Y mientras eso pasa, la Iglesia se dedica a opinar. A decir que Uribe no debe reelegirse que porque atenta contra la democracia.

Desde luego que la Iglesia tiene derecho a opinar, la constitución contempla la libertad de opinión; pero el problema es que sumando sus derechos con su poder, puede resultar una mezcla explosiva.

Para comenzar, la Iglesia no tiene autoridad para dar lecciones sobre democracia; porque su sistema es absolutamente oligárquico, el poder lo detenta una minoría elitista y la forma en que elige a sus representantes se parece más a una monarquía que al sufragio.

Entonces…¿qué separación hay entre política y Estado, más después de este tipo de afirmaciones? Cualquier persona analfabeta traduciría las palabras de la Iglesia a que Dios está en contra de la reelección, y que para ser dramáticos obtendrán un castigo eterno si votan por aquél. Aunque yo no me debo quejar, porque mis palabras no salen en primera plana de un periódico, y este sacerdote las sacó de mi boca para ser leídas y creídas por feligreses. De todas maneras, si hubiera pensado en convencer a la gente de que Uribe no debe tener un tercer mandato no hubiera usado la vía religiosa; pero esta vez depronto sirva, y como decía ese viejo amigo: “El fin justifica los medios”.

jueves, 4 de junio de 2009

LA HORA DE MI MUERTE

Faltan tres minutos para la hora de mi muerte. Todas las noches muero. A las ocho en punto. No puedo parar de pensar que sólo me quedan ciento ochenta segundos de vida. Sé que debo vivirlos sin pensar en mi muerte, pero no puedo. Me ahoga la angustia. Sólo puedo pararme, inmóvil, a tres baldosas de la puerta, a esperar el final. Intento no recordar la infancia para no llorar. Detesto llorar. Odio recordar las viejas noches de silencio, no lo soporto. Pero tampoco soporto el bullicio de mi muerte. Ahora el tiempo se mutila, recorta sus patas, ya no camina, cojea hacia mí, me suplica que lo compadezca, llora a mis pies, me suplica que le tenga paciencia. Pero él es cruel conmigo, y yo soy orgullosa y vengativa. No lo perdonaré. Porque ya faltan 10…9…8 segundos y desde adentro escucho los amenazantes pasos en el corredor. 7…6… y las llaves, presas en su círculo, cuchichean, se burlan de mí. 5…4… una puerta pesada se cierra con violencia; eso parece, pero en realidad ese ruido sordo fue una grave carcajda. 3…y los pasos se acercan a mi puerta, o a la que era mi puerta. 2… y siento cada impulso nervioso, cada movimiento muscular, el traquear de los huesos ajenos, el brazo que se adelanta para hacer timbrar el sonido que hace infartar mi corazón, el sonido que yo identifico como el de la muerte. Mis latidos aumentan, la presión de mis venas es insoportable y me hincha la cabeza, estoy a medio segundo de una apoplejía. 1… Llegó la hora. Es el final. Ya no hay silencio, ya es pura bulla, puro ruido contaminante; lo oigo afuera y adentro, porque por más que intente concentrarme puedo oir la sangre reventar las arterias, constreñirse mi aorta; ya es oficial, lo siento, y estoy muerta. ¡No! ¿Dónde estoy?, veo todo negro, ahh! Ahí está el tomate, y ahí la carne, pero que rápido se fue, no pude comer, no llegué a tiempo. No, no llegué porque ya estoy muerta y los muertos no caminan, pero nadie se ha dado cuenta. Creo que estoy en una iglesia, pero no me agrada la idea, siempre las aborrecí, aunque para cualquiera podría ser una bendición ir a la iglesia cuando se muere. Para mí es un castigo. Lo baldío pasó a ser un trigo que sabe mal, porque ya no me gusta más este lugar tan frío. El aire entra por la puerta eclesiástica y eso me enferma más. Intento embutirme todo de una vez y salgo corriendo a mi encierro, para ver si vuelvo a respirar. Aire fresco, un poco contaminado, pero ya me siento como un pez marino que mordió un anzuelo, se desangró ante las risas de la gente, y ya agonizante, aunque con un poco de vida, lo depositaron en agua dulce; agua es agua. Empiezo a revivir, pero ya no es igual. Sólo cuando el reloj digital marque las doce, volveré a nacer, y el tiempo y yo nos conciliaremos otra vez. Entonces será un nuevo día en que el crepúsculo comienza faltando tres minutos para las ocho.

miércoles, 3 de junio de 2009

Sin título - María Isabel Palacio

Por: María Isabel Palacio

Las niñas aguardaban en la entrada, sus rostros tocados por los pies de mariposas inquietas dejaron ver el encanto del sueño robado la noche anterior, eran el espejo de la espera que al ver crecer sus cabellos decide cortarlos y por fin desaparecer.
La puerta se abrió, una pequeña ala mostró el interior de lo que parecía un convento, o más bien un monasterio. A mi lado una niña de cabellos largos y amarillos dejaba desprender de sus ojos algo que casi nunca había visto antes, sólo cuando me caía y me salía sangre, lo que ocurría muy pocas veces porque siempre me fijaba bien, no me gustaba sentir el sabor salado de aquella agua guardada quien sabe por cuánto tiempo dentro de mi cabeza, aún sigo sin entender dónde cabe tanta y cómo es posible que la sal no haya acabado con mis pensamientos.
Adentro, una señora nos esperaba, entré junto con las demás niñas, todas íbamos calladas, no sé si por timidez o temor. Llegamos a un patio enorme, la niña de cabellos amarillos, se sentó a mi lado, sus ojos estaban rojos y su nariz no paraba de moverse tratando de retener lo imparable, fue la única a la que le hablé, pero no me sirvió para mucho, la misma señora que nos había hecho entrar, ahora nos separaba en dos grupos, tenía un rostro quebrado, sus dedos eran largos, siempre me fijé en las manos y aquellos dedos eran la prolongación de vidas que ella ya no quería vivir. Tras su hábito se escondía una cabellera que reclamaba ser vista, crecía tratando de buscar salida, se movía con lentitud desenredándose para por fin liberarse, pero nada de ello ocurrió jamás.
Al frente del patio, unas escaleras dibujadas en lo que esconden las arrugas de los años, eran pisadas por cientos de pies presurosos que subían tratando de alcanzar la imponencia de un cuerpo cada vez más idealizado por unas y quizás incluso odiado desde ya por otras, se perdieron entre pasillos que finalizaban en el inicio de otros que a su vez desembocaban en otros y otros, no había ventanas, y si las había, las rejas consumían su transparencia.
Me quedé quieta, mirando, apenas tuve tiempo de alzar los dedos y moverlos para despedirme de la nueva amiga que no volvería a ver, entonces la señora de rostro quebrado que se había quedado con mi grupo, me tomó de la mano, nosotras íbamos en la dirección contraria, subimos por otras escaleras, más pequeñas, estaban repletas de restos de alas transparentes, sin saberse cómo aquellas figurillas se adherían a mis zapatos, ahora estaban en todas partes, era molesto sentir como su transparencia las volvía inmunes a mis sentidos, pero ahí estaban, flotando algunas, otras en el suelo y las demás impregnando de vacío mis zapatos y contagiando mis pies de temor, miré a las niñas que iban conmigo, ninguna se inquietaba, muchas con sus dedos en la nariz caminaban hacía un salón donde ya no habría pedazos de alas transparentes, pero qué importaba entonces, si en verdad nunca las habían sentido como yo.
Nos sentamos, los pupitres revoloteaban dando brincos entre sueños marcados en la madera, luego se quedaban quietos, como cansados de otros cuerpos que habían cargado, las horas se paseaban por sus figuras y traían consigo la mirada de rostros que perdían la atención y dedos que les pintaban palabras en sus siluetas cada vez más rechinantes. Mirábamos el tablero, se extendía tocando las últimas fibras de paredes desdibujadas en mi memoria, mis manos tocaban unos papeles blancos que ahora parecen amarillos, los sentía entre las líneas de mis dedos, debía dibujar y escribir lo que la pared verde me mostraba.
Los trozos de alas afuera trataban de entrar, no había forma, las quería sentir de nuevo, jugar con ellas, atraparlas, saltar entre sus diminutas partes conservadas, pero yo estaba adentro, escribiendo letras que no entendía, haciendo cosas que no me servirían pero que debía, las otras niñas felices, hablaban, yo deseaba salir, no me gustaba ese sitio, sus paredes hechas a punta de alas destrozadas que incluso impedían el paso de sus restos, sus ventanas que cortaban con rejas la luz y al mismo tiempo las alas que querían entrar, los sonidos que brotaban de los cabellos encerrados de la señora de rostro quebrado, sonidos que solo llegaban a mis oídos y que finalmente terminarían por hacer salir de mis ojos aquella agua que odiaba tanto.
Las puertas se abrieron y salí corriendo, fue entonces cuando dije, no estudio aquí y no quiero se monja.

EL CASO BUCÓLICO

Lina María Moreno Restrepo

Estaban sentados frente al fuego, recordando sus vidas inmortales. Desde adentro podía observarse y casi sentirse el frío que hacía afuera. Su voz recordaba con un timbre nítido aquellas historias del renacimiento. Comenzó contando, secretamente, una historia real, la suya, pero agregó un final inventado que siempre había soñado, la muerte. Es bueno soñar con morir cuando se vivirá eternamente.

“...Por aquellas épocas, se encontraba en Jericó, uno de esos jóvenes jinetes bohemios. Se dedicaba a deambular por el viejo mundo asaltando a quien quiera que se cruzara por su camino. Era realmente un hombre dedicado a la buena vida, no pertenecía a ningún lugar y en realidad nunca lo hizo; pasaba las noches en un claro del bosque con su caballo siempre ensillado, o en un hospedero de mala muerte que no le exigiera demasiado dinero. Se dedicaba a tocar guitarra o clarín, y componía una que otra sonata. Pasaba el día fume que fume, disfrutando de las buenas hierbas, y de vez en cuando reñía en un bar aledaño. Amante además del buen licor, no había para él nada que se comparase con el sabor agridulce de una mujer. Pueblo tras pueblo, asalto tras asalto, era, a fin de cuentas, lo mismo que mujer tras mujer. En realidad nunca existió pecado para él. Según había oído, el único pecado real y existente era el robo, lo demás era una derivación de él; y como su vida consistía en el hurto, no era éste, para él, un pecado sino un placer.
Habiendo descrito pues, a nuestro personaje y a sus lívidas costumbres, situémoslo en una vereda, cerca de Jericó, casi en la cima de cualquier montaña. Allí se encontraba nuestro ilustre personaje tras un día de prolíficos asaltos, con sólo puesta una bota y recostado en un claro, en la hierba casi ortopédica, con la cabeza apoyada en una roca musgosa y una pajilla masticada en la boca; y para añadir un poco de romance a nuestra historia, bajo la luz cegadora de la luna, mientras vocalizaba algún poema, un soneto en vascuence; tras haber comido un banano –que era su comida casi usual en los viajes largos- y haber fumado un cigarrillo de hierba española que conservaba de su último viaje a Navarra. Las voces noctámbulas de grillos y ranas componían una sinfonía que no cesaba. Casi era como si hubiesen acordado regalarle una acogedora velada al hombre de cabellos castaños que yacía tumbado en aquella ceba.
Se despertó pues, al día siguiente del ensueño que le produjo la hierba navarra, y notó que tenía el brazo izquierdo de un morado intensó, y que además le provocaba, paradójicamente, un dolor intenso a este hombre inmortal. Tenía el cúbito roto. Apuntó con un rifle a la rama de un piñón y ésta cayó provocando un estruendo que hizo volar a cualquier ave que allí se encontrase. Preparó un brebaje de rama de piñón, y lo adobó con otros ingredientes que no creo necesario nombrar. Ingirió semejante mezcla y tras varios intentos de vómito, la tragó, y en tanto, su cúbito se hubo curado.
Se levantó, ya con gozo de estar sanado, y tras haberse montado en su penco, partió galopando hacia el sur. Evidentemente, realizó varios asaltos en el camino y se cobró sus fajos de dinero. De vez en cuando, cuando el peligro asechaba, mataba a uno que otro hombre, o mujer dado el caso. Todos eran peones. Matar, consistía para él en un orgullo o una satisfacción casi incomprensibles, y dadas sus circunstancias, la muerte era lo que más disfrutaba. Cada pueblo por el que pasó, fueron varios duros pagados a muchas mujeres.
Y a su modo, la historia de aquél hombre tiene un final feliz, al menos para él. Nada puede ser sustancialmente malo, y menos para este actor, del que, muy remotamente volveremos a hablar. Irónicamente fue víctima de su mayor placer, una tarde violácea, en una orgía de matanzas, su cara palideció y la luz abandonó para siempre sus ojos. Su cuerpo quedó hundido bajo la escalera.”

Y tras haber dicho ese último vocablo de su historia, no hubo verbo que desgarrase la noche. Su séquito inmortal se puso de pie y se marchó sin decir palabra. Él se quedó sólo, imaginando la muerte, mirando al fuego, e inconscientemente acercándose a él.

El perfil del reportero

Una vez oí a alguien que dijo: “El único pecado existente es el robo, lo demás es una derivación de este”. Y quiero partir de este punto precisamente porque lo que el reportero debe evitar a toda costa es el robo; el robo de la verdad, el robo de información, el robo de ética, el robo de formación.
Un reportero debe ser alguien sincero, con iniciativa, un ser ético y moral. Debe ser alguien innovador, creador de ideas, de métodos, original, y no quedarse sólo con lo existente. El arte, para un reportero, es esencial; arte es crear, un reportero se ve siempre en la tarea de crear, de crear textos informativos a partir de los datos de un hecho noticioso. De crear métodos válidos de investigación, de innovar; es una obligación. El reportero se ve en la tarea diaria de informar, diciendo la verdad de lo sucedido, dejando ver lo que pasó, cómo, cuándo, porqué, y dejando ver esa verdad sin tapujos. Este peculiar personaje es a la vez ético, actúa por y para la sociedad, por un bien común, que es informar y ayudar. Está al servicio de los demás, para colaborar al tiempo en que hace noticia. Diría yo, que ser reportero es más un estilo de vida que un trabajo. No hay tiempo para ser reportero, sino que no hay tiempo para no serlo. Ser reportero es una forma de ser, al igual que el amor, como lo plantea Daniel Pennac pero con la lectura. Es, el reportero, un ser “todo-terreno”; que debe estar dispuesto a todo, a untarse del barro si es necesario, pues la curiosidad está impregnada ya en él.
En otras palabras, ser reportero es cuestión de actitud y aptitud. El emprendimiento es también básico. Un reportero no puede quedarse con lo que ve u oye, él siempre está sediento, sediento de información, y esas ansias de saber son las que lo hacer un ser excepcional, persistente, perseverante, que no se conforma, que sabe que invariablemente hay algún trasfondo, alguna razón, alguna verdad por debajo de todo lo aparente. Un verdadero reportero hace las cosas con calidad, las hace con el fin de saber, de conocer el hecho, de conocer la naturaleza humana que impulsa a hacer noticia, no con un fin netamente comercial como muchos creen. Y debe tener, indudablemente, un valor indestructible, para enfrentarse a su realidad, a lo que es, a lo que hay, a lo que pasa, a la gente, al hecho, a la noticia, a su condición de reportero.
Y la investigación...la investigación va en cada parte de lo que él es, en cada célula de su cuerpo debe poseer un espíritu investigativo. No podrá parpadear un segundo, a la espera de que pasará para poder indagar, consultar, aplicar sus conocimientos –que por cierto han de ser muchos-, y con base en eso servir a la comunidad e informar. Su actitud ha de ser abierta, dispuesta a cualquier hecho, a cualquier realidad; lo que es en un segundo, puede cambiar al siguiente, y por eso el reportero no puede quedarse en un lugar, estancado, sino que debe buscar, estar siempre en la averiguación de que podrá suceder luego de algún otro suceso.
Así es el reportero, este genial personaje, este ser lleno de magia y conocimiento, que el verdadero riesgo que corre es enamorarse de lo que es.

Al borde de la quebrada, al borde del peligro

Situaciones extremas son las que amenazan al barrio Santander y a los habitantes aledaños de la quebrada La Madera.


El desmoronamiento de la ribera de la quebrada La Madera pone en riesgo las viviendas del barrio Santander.

Habitantes ribereños de la quebrada La Madera están al borde de la catástrofe: sus viviendas se encuentran a centímetros de un barranco que amenaza con derrumbarse; los muros de contención están en mal estado, las crecidas de la quebrada con el invierno atemorizan constantemente a la población y la quebrada se encuentra en alto estado de contaminación trayendo enfermedades a los habitantes.

La quebrada la Madera separa a los barrios Santander –noroccidente de Medellín, comuna 6, zona 2- y París, Bello.

En la Comisión Accidental 071 de 2008, en la que se trató el caso de la quebrada La Madera, el Concejal Santiago Londoño Uribe, director de la Comisión, dijo que el objetivo es hacer un estudio amplio y detallado de la micro-cuenca y generar posibles propuestas en orden de prioridades.
Según la Secretaría de Ambiente, las viviendas deben situarse como mínimo a 10 metros de las quebradas, pero los hogares aledaños a la quebrada se encuentran a sólo centímetros de un precipicio que se encuentra a punto de derrumbarse.

Los desplazamientos son los principales causantes del establecimiento de estas familias en la ladera de la quebrada, al no tener otro lugar de acomodación se quedan allí.

El Doctor Oscar Marín, expresó en la comisión: “hasta hoy he emitido por lo menos unas 10 órdenes (de desalojo), no he sacado a nadie, todavía está la gente allá, ¿para dónde los vamos a llevar? ¿Las construcciones que están en retiro de la quebrada cómo las vamos a demoler?…”.

Pero el señor Guillermo Ospina, director de la Junta de Acción Comunal del barrio Santander dice que podría demandar al Doctor Marín por dichas resoluciones, “hay que sensibilizarse con la población”, afirma,“se juegan la razón y el corazón ¿dónde está la gente que ayuda? ¿Dónde está la administración?… Al ver una familia sin otro lugar de acomodación se hace muy difícil impedirles su establecimiento aquí”.

El SIMPAD (Sistema Municipal de Prevención y Atención de Desastres), se encuentra actualmente trabajando con la administración del barrio para encontrar nuevas soluciones a la problemática que se vive con la quebrada.

Otro de los graves problemas de la quebrada es la contaminación, que ha generado problemas de salubridad a los habitantes ribereños de la quebrada.

Costales y residues sólidos han sido arrojados a la quebrada Madera.


Uno de los casos es el de la familia de Rosa Nora Lozano, desplazada de Anorí, que vive en una estrecha casa de madera identificada en alto riesgo al lado de la quebrada. La señora se encuentra en un mal estado de salud, y a eso se suma el hecho de que comparte el reducido espacio con otras dos familias; en total viven 14 personas en esta casa.

Marta Lucía Londoño Toro, representante de Empresas Públicas de la Sección de Aguas residuales, dijo en la Comisión que la última intervención grande que EEPP realizó fue en 1999, en la que se construyeron más de 10 km de redes en la cuenca, tratando de conectar botadores y 28 unidades de aliviaderos.

La quebrada La Madera, que separa los barrios Santander y París se encuentra altamente contaminada.

Según ella, dichos aliviaderos son de gran importancia para que fluya el agua de la micro-cuenca, ya que evacúan los excesos de agua cuando está lloviendo, y si se llegan a taponar la cuenca se desbordaría y atraería vectores como zancudos y ratas que pueden afectar la salud de la población.

Sin embargo, en la comisión accidental se llegó a una conclusión que podría ser la solución: “sensibilización y educación ambiental a la comunidad que está asentada”.

Guillermo Ospina afirmó que la JAC busca sensibilizar a los habitantes del barrio para que cuiden la micro-cuenca y hagan un adecuado manejo de los residuos sólidos.

Mientras tanto, los habitantes ribereños de la quebrada siguen esperando a que el Gobierno dé soluciones adecuadas al problema y, si el caso es desalojarlos, esperan que les brinden subsidio de vivienda.

LA RADIO: UNA HISTORIA QUE AÚN NO TERMINA

Lina María Moreno Restrepo

Los grandes inventos de la historia no han surgido por mera casualidad; cada una de las máquinas de las que nos hemos hecho dependientes han pasado por un proceso tan largo como la misma historia. La necesidad innata del hombre por comunicar se ha hecho notar durante cada siglo. Desde la comunicación por medio de imágenes en la época de las cavernas, la vocería en las plazas de Roma y que luego fue el sistema comunicativo de la Edad Media; la imprenta de tipos fijos y luego la de Gutenberg; el nacimiento de los diarios en el siglo XVIII, la prensa moderna en el siglo XIX, el fonógrafo de Alva Edison, el telégrafo... y luego, la llegada de la radio, que gracias al descubrimiento del electromagnetismo, fue y ha sido uno de los más aclamados inventos de la historia. La radio es hija de la técnica y la invención del siglo XIX.
El surgimiento de la radio, un invento que facilitaría la comunicación a distancia y la transmisión en los frentes de guerra, fue tal vez uno de los inventos más revolucionarios del siglo XX, esperada tal vez por muchos, y uno monopolio codiciado por otros.
Mucho antes de la consolidación de la radio, en Francia Napoleónica, el sistema de comunicación era otro muy diferente, el semáforo mecánico, consistente en torres con brazos mecánicos que se movían de alguna manera específica según lo que se quisiera informar. Pero luego, con la revolución industrial y el surgimiento del ferrocarril en el siglo XIX, dicho sistema quedó obsoleto. Para ese entonces, el ferrocarril era el sistema más rápido de comunicación, y su invención dejó impresionado al mundo entero. Pero las industrias, en su desesperante afán por el monopolio, el poder y el dinero, ofrecieron capital a cambio de investigación, a fin de encontrar un sistema más efectivo. Fue el caso de Clark Maxell, que gracias a una investigación pagada descubrió el electromagnetismo, principio que más tarde sería utilizado en el telégrafo y posteriormente en la radio.
Guillermo Marconi descubrió el telégrafo en el siglo XIX, y para 1844 ya se había fundado la primera estación telegráfica de hilos, que poco después tendió redes a lo largo de todas las vías férreas y se instalaron más postes con conexiones de telégrafo; y para finales del siglo XIX ya se hacían varias emisiones desde una misma estación. Sin embargo, el telégrafo mostraría tarde o temprano uno de sus pormenores: no funcionaba en el mar. En 1896 el problema fue solucionado, gracias al descubrimiento de las ondas electromagnéticas de Henry Hertz que dio origen al telégrafo sin hilos, importante para la navegación y que fue casi equivalente a la radio por consistir en enviar y recibir mensajes por medio de ondas.
Pero el invento de la radio todavía estaba un poco lejos de suceder, primero Graham Bell inventaría el teléfono y luego Phillips los micrófonos cuyos sistemas colaboraron a la realización de aparatos radiales en 1905, y que luego dieron origen a la radio como tal en 1914.
La más grande compañía de comunicación radial fue la Marconi Wireless Company, que ya existía en la época en que se inventó el telégrafo sin hilos, pero que obtuvo luego el monopolio de la radio. Sin embargo, a la Marconi el entusiasmo le duró poco porque el gobierno de los Estados Unidos la presionó para que vendiera acciones que fueron compradas por General Electric y RCA (Radio Corporation of América) y esta última heredó el tan codiciado monopolio de la radio, invento que fue patentado para ser usado solamente por el ejército norteamericano en la Primera Guerra Mundial, para fines exclusivamente militares.
En 1916 la historia de la radio da un nuevo giro. David Sarnoff, que en 1912 trabajaba con la Marconi Wireless Company, se había ganado la confianza de la élite industrial de la radio cuando en el mismo año emitió durante 72 horas mensajes de ayuda al Titanic; y luego, cuando pasó a trabajar a la RCA que tenía el nuevo poder, propuso en 1916 que la radio fuera de uso doméstico. La RCA, a quien la idea le quedó sonando, se asoció con AT&T (American Telephone and Telegraphe) para producir aparatos de radio.
Algunos programas no periódicos eran emitidos por radio luego de su lanzamiento comercial, pero en 1920 nace el primer programa regular, creado por Josef Conrad, un fanático de la radio y empleado de la Westinghouse Company, que emitía unos 30 minutos de música 2 veces en la semana y hablaba de la tienda del amigo que le prestaba los discos que sonaban en su emisora. Como la Westinghouse ve que el programa da resultados, a fin de lucrarse crea la primera emisora: KDKA New York.
Otras compañías notan el buen resultado que produce la emisora y comienzan a pedir licencias al Departamento de Comercio de EU para crear nuevas emisoras. Tan sólo en 1922 se habían expedido 670 licencias. Tras la creación de emisoras comienzan a nacer los géneros radiales, los primeros fueron de deportes y música. Las emisiones deportivas no se hacían completamente en directo; cada cierto tiempo y por vía teléfono, los emisores se enteraban cómo iban las cosas y transmitían la información por la radio.
En 1922, AT&T crea la emisora WEAF, donde alquilaban espacios de emisión, y con este motivo de capitalización nace la publicidad. La publicidad trajo diversidad de cambios para la radio, por ejemplo, los artistas que antes cantaban gratis para las emisoras comenzaron a cobrar su buena ración de dinero. También nacen las cadenas radiales.
La publicidad comenzó a volverse obsesiva al punto de que en la radio eran más las horas de pautas que de programas, por lo que el Departamento de Comercio tuvo que expedir una ley que contemplaba horarios específicos para emitir pautas publicitarias, 25 minutos de programas y 5 minutos de pautas, y que visiblemente no se cumplió en Colombia.
La radio comercial comenzó a nacer en 1923 y su consolidación tomó lugar hasta más o menos 1934, siendo el “boom” entre los años 1935 y 1948. También surgieron varias emisoras privadas de aficionados, que gozaban de cierta autonomía del Estado en cuanto a cuestiones económicas e ideológicas. Para la radio comercial, la programación depende de los gustos del público, sin embargo necesitaban financiarse abriendo espacios a pautas publicitarias, que producirían una reacción contraria del público.
La radio comercial adoptó el modelo Laissez faire utilizado por los Estados Unidos y adoptado por Colombia tardíamente en 1930.
Anteriormente, en Colombia se había iniciado, en 1915, la construcción de la primera estación radiotelegráfica de la Marconi, inaugurada por Pedro Nel Ospina en 1923, La estación internacional Morato. La radio fue introducida ese mismo año –aquí todo llega tarde– gracias a aficionados que habían viajado a Estados Unidos y habían quedado deslumbrados con el invento, y fueron ellos quienes la popularizaron con la creación de radiorreceptores caseros para transmisiones internacionales en onda corta.
Tres meses después de inaugurada la estación, se creó la ley 31 con la cual se estableció –burocráticamente- el Ministerio de Correos y Telégrafos que años más tarde controlaría la radiodifusión.
Pero no fue hasta 1929 o un poco más tarde que se dio el nacimiento oficial de la radiodifusión Colombiana, sólo cuando el Gobierno se percató de que necesitaba una voz oficial. La primera emisión de una radiodifusora privada se hizo en diciembre del ’29 por Elías Pellet Buitrago, que más tarde daría el nombre a su emisora “La voz de Barranquilla” y sería la primera emisora de carácter comercial. Medellín, Cali, Tunja, Manizales y Bogotá seguirían los pasos de Barranquilla y rápidamente crearon sus emisoras. La HJN fue la primera radio Nacional y controlada por el Estado, que brindó un importante apoyo a Olaya Herrera durante su campaña presidencial.
Para 1934 la explosión radial ya era impresionante. Aunque las emisoras privadas fueron en su primera fase experimentales, luego se consolidaron como radios comerciales, con programas culturales de poesía, música y comentarios de literatura; y programas humorísticos, como el tan recordado “Jorgito”.
Sólo en 1935 se comienza a hablar de periodismo en la radio. El accidente el avión de Scadta, en el mismo año, en el que murió Gardel fue presenciado por el periodista Henao Gaviria, quien llamó a la emisora “La Voz de Antioquia” que transmitió el accidente casi en vivo. Luego, las demás emisoras adoptaron el sistema de noticias radiales, leyendo la prensa en las emisiones. Esto generó un altercado entre radio y prensa, que fue resuelto con el decreto 627 que explicaba que sólo se podía leer la prensa luego de 12 horas de ser publicada.
Tras la valiosa invención de las radionoticias, surgieron otro tipo de programas como las radionovelas, el radioteatro, los radioconcursos propios de la década de los 40 como “Los catedráticos informan” y “Coltejer toca a su puerta” y los shows musicales.
La historia de la radio no termina aquí, es más, es posible que aún estemos en el comienzo; en nuestros días sigue siendo quizá uno de los inventos más aclamados, y tal vez sea mucho el camino que le falte recorrer. La radio ha sido de vital importancia para el mundo entero, y para Colombia no es la excepción. Personas que gozan de este único medio de información para enterarse de lo que pasa en el globo terráqueo; un aparato que hace llorar de alegría a muchos con un gol y de tristeza a otros con terribles reportes; la máquina que nunca falta en algún hogar ni en ningún lugar, y el invento que pese a su ya vieja invención sigue teniendo al mundo a la espera de sus palabras.

"El aborto es asunto mío"

"El aborto es asunto mío"
Lina María Moreno Restrepo

Preocuparse por el hecho de si el aborto es bueno o malo, moral o inmoral, sólo debe repercutir en la conciencia individual. La penalización del aborto le delega al Estado la decisión de considerar al aborto inmoral, y atenta contra el derecho de la mujer a imponer su criterio. Despenalizarlo, por otro lado, no implica promoverlo, sino respetar el derecho de autonomía del que goza cualquier ciudadano, y que en este caso apela sólo a la mujer; es respetar tanto a quien aprueba al aborto como a quien lo juzga.
La penalización del aborto atenta contra el derecho de cada individuo de decidir sobre lo que es su propiedad, por consiguiente sobre su propio cuerpo, y ¿de quién es el cuerpo? la mujer es propietaria de lo que está dentro de ella mientras que no haya salido de su organismo, y como es propiedad de ella sólo a ella le concierne. Mientras el feto respire, crezca y se alimente gracias al organismo materno, es parte del cuerpo de la madre; mientras el cordón umbilical los una, son uno cuerpo, uno depende de otro. El Estado debe garantizar el derecho de decidir; abortar o no, no es asunto que deba interesarle, sino sólo a quien se ve directamente afectado.
Es como la parábola del huevo y la gallina: ¿quién nació primero, el huevo o la gallina? Aristóteles cree que fue la gallina. Esto se conecta a su teoría hilemórfica (más tarde tratada por Santo Tomás) que plantea que existen materia y forma. La materia es potencial, sin la forma no existe; Aristóteles dice que la potencia absoluta, un ser que fuese sólo potencia, no puede existir. Es como si Botero tiene en mente la imagen de una obra que va a pintar, y que aún no ha sido plasmado en el lienzo; hay potencia, pero sin forma la idea no tiene ningún valor.
Un bebé en el útero es pura potencia, al menos hasta los tres primeros meses después de la fecundación del óvulo. Se ha comprobado científicamente que luego de 3 meses el feto tiene vida humana propia y podría sobrevivir con los procedimientos adecuados, en caso de que el útero materno no pudiera seguir soportándolo. Entonces, antes de esos tres meses, el feto es sólo materia, como no tiene forma no tiene valor. Santo Tomás dice que “todo lo que está en acto se mueve, y por naturaleza, todo lo que está en potencia es movido”. El feto, antes de tres meses puede ser movido porque es potencia y ¿quién lo mueve? ¿Quién tiene la única facultad de moverlo? Quién más que la madre, porque sólo de la madre depende él; independiente de quien haya donado el espermatozoide, eso ya no importa. El hombre simplemente hizo su parte y luego se retira del problema, de ahí en adelante dicho problema concierne sólo a la mujer. Es como cuando se da un regalo a alguien: uno lo regala y ya cumplió con su parte, la persona que lo recibe decide que hará con él; es probable que el que lo regaló quisiera que quien lo recibe lo cuide, y si la persona lo daña ya no puede hacer nada, ya lo regaló, le duele, pero el objeto ya no es suyo.
Por eso, el aborto no es asunto más que de la mujer. Si el hombre se opone “de malas”, ya cumplió con su parte que fue donar el esperma y el resto no le incumbe. Es probable que le duela si la mujer aborta, pero eso no le concierne, comenzando por que ni siquiera tiene conciencia del hecho. El hombre jamás podrá juzgar correctamente el aborto porque nunca sabrá lo que es un embarazo.
Además, como todo en la vida, las cosas que se hacen, y aún más las grandes cosas que se hacen traen consecuencias de las que se es consciente. Que la mujer aborte o no, sólo le trae consecuencias directas a ella, ella tendrá o no su carga moral, su peso psicológico, sus traumas, y sólo la afecta a ella. Y sólo a ella antes de los tres meses de embarazo en los que el bebé no tiene vida propia. Quienes intervengan juzgando a la mujer de moral o inmoral, se inmiscuyen en asuntos que no les conciernen ni tampoco les afectan.
Ahora que el aborto es ilegal y está penalizado, sólo la mujer cumple la condena ¿o acaso meten al padre del niño a la cárcel? Sólo juzgan a la mujer porque sólo es asunto suyo.
En Roma y Grecia, el aborto era permitido por considerarse al feto como portio viscerum matris –apéndice del cuerpo de la madre – por lo que la mujer podía disponer libremente de su cuerpo y abortar si así lo deseaba, y por lo tanto abortar no era un delito.
Despenalizar el aborto no significa legalizarlo. Legalizarlo sería un asunto en el que la sociedad pública intervendría y el efecto sería más bien el contrario. El médico se vería en obligación de atender un aborto y eso se opone a la libertad de elegir. La ética médica juega también un papel aquí, y al igual que la mujer, el médico debe tener libertad para decidir si practica o no el aborto.
Florence Thomas, activista feminista y directora de ONGs en pro del feminismo y la mujer, dice que el aborto es un problema de salud pública y por lo tanto el Estado debe responder por él. Sin embargo, convertir el aborto en un problema público rechaza la libertad de decidir, sólo la mujer debe decidirlo, pero por lo menos debe contar con lo opción de abortar o no.
El Estado está fallando frente al tema del aborto. En el artículo 42 de la Constitución de Colombia se habla de la autonomía procreativa, otorga a los padres el derecho a decidir los hijos que quieren tener; y que en realidad debería hablar de “los hijos que la madre va a tener” porque es ella quien los va a dar a luz, por lo que ella es la que tiene la autonomía procreativa. Ningún artículo dice que cuando se tienen relaciones sexuales es porque se va a concebir un hijo, y esto incluiría no tomar píldoras, ni usar condón o cualquier otro método anticonceptivo; en estos casos también se estaría evitando entonces que nazca un niño. El aborto no es en sí un método, pero es anticonceptivo, por lo que debería ser un derecho al igual que los otros métodos utilizados para evitar tener un bebé.
En el artículo 16 se habla del libre desarrollo de la personalidad. Para una mujer, tomar la decisión de abortar influye en su desarrollo personal y la decisión que tome debe ser libre. El bebé que pudiere llegar a tener puede afectar su libre desarrollo de personalidad, por eso ella es quien pone fin a aquello que considera inhibidor de su libertad. Si el Estado decide por las mujeres, su libertad queda desplazada y estaría atentando contra su derecho.
La igualdad entre hombres y mujeres está contemplada en el artículo 43. Sin embargo, hombres y mujeres son diferentes física y emocionalmente, y la prueba –no hay que probarlo siquiera – es el embarazo, por lo que es un derecho que sólo concierne a la mujer, el de decidir sobre el aborto.
Por ejemplo, si la mujer embarazada muriera, el feto también lo haría, no importa si el padre del niño muere o vive, biológicamente sólo la madre afecta al feto, por lo que sólo ella decide qué hacer con él.
Hasta que el bebé no salga del cuerpo de la madre, no se le considera como persona jurídica, no está bajo cobijo de la ley, y por lo tanto no tiene derechos ni deberes, si la madre decide abortarlo no estará atentando contra ningún derecho del niño, ni siquiera contra el derecho a la vida consentido en el artículo 11, porque no se le puede considerar un ser vivo cuando aún está dentro del cuerpo de la madre y aún no es visible. Al menos hasta los tres meses antes de que tenga vida propia.
Quienes justifican la penalización del aborto aducen al argumento del respeto a la vida, como fuente de todo valor. Es decir, consideran vida a cualquier ser, animal o vegetal. Entonces sería un crimen cortar una flor o comer carne. Incluso aunque consideraran sólo el respeto a la vida humana, nunca se puede estar seguro de que los animales tengan alma, tampoco se puede estar seguro de que el feto la tenga, por lo que cualquiera de las dos cosas: matar a un animal o abortar un feto serían igual de morales o inmorales, crímenes o no crímenes, las dos cosas son iguales porque de ninguna de las dos se está seguro.