miércoles, 3 de junio de 2009

LA RADIO: UNA HISTORIA QUE AÚN NO TERMINA

Lina María Moreno Restrepo

Los grandes inventos de la historia no han surgido por mera casualidad; cada una de las máquinas de las que nos hemos hecho dependientes han pasado por un proceso tan largo como la misma historia. La necesidad innata del hombre por comunicar se ha hecho notar durante cada siglo. Desde la comunicación por medio de imágenes en la época de las cavernas, la vocería en las plazas de Roma y que luego fue el sistema comunicativo de la Edad Media; la imprenta de tipos fijos y luego la de Gutenberg; el nacimiento de los diarios en el siglo XVIII, la prensa moderna en el siglo XIX, el fonógrafo de Alva Edison, el telégrafo... y luego, la llegada de la radio, que gracias al descubrimiento del electromagnetismo, fue y ha sido uno de los más aclamados inventos de la historia. La radio es hija de la técnica y la invención del siglo XIX.
El surgimiento de la radio, un invento que facilitaría la comunicación a distancia y la transmisión en los frentes de guerra, fue tal vez uno de los inventos más revolucionarios del siglo XX, esperada tal vez por muchos, y uno monopolio codiciado por otros.
Mucho antes de la consolidación de la radio, en Francia Napoleónica, el sistema de comunicación era otro muy diferente, el semáforo mecánico, consistente en torres con brazos mecánicos que se movían de alguna manera específica según lo que se quisiera informar. Pero luego, con la revolución industrial y el surgimiento del ferrocarril en el siglo XIX, dicho sistema quedó obsoleto. Para ese entonces, el ferrocarril era el sistema más rápido de comunicación, y su invención dejó impresionado al mundo entero. Pero las industrias, en su desesperante afán por el monopolio, el poder y el dinero, ofrecieron capital a cambio de investigación, a fin de encontrar un sistema más efectivo. Fue el caso de Clark Maxell, que gracias a una investigación pagada descubrió el electromagnetismo, principio que más tarde sería utilizado en el telégrafo y posteriormente en la radio.
Guillermo Marconi descubrió el telégrafo en el siglo XIX, y para 1844 ya se había fundado la primera estación telegráfica de hilos, que poco después tendió redes a lo largo de todas las vías férreas y se instalaron más postes con conexiones de telégrafo; y para finales del siglo XIX ya se hacían varias emisiones desde una misma estación. Sin embargo, el telégrafo mostraría tarde o temprano uno de sus pormenores: no funcionaba en el mar. En 1896 el problema fue solucionado, gracias al descubrimiento de las ondas electromagnéticas de Henry Hertz que dio origen al telégrafo sin hilos, importante para la navegación y que fue casi equivalente a la radio por consistir en enviar y recibir mensajes por medio de ondas.
Pero el invento de la radio todavía estaba un poco lejos de suceder, primero Graham Bell inventaría el teléfono y luego Phillips los micrófonos cuyos sistemas colaboraron a la realización de aparatos radiales en 1905, y que luego dieron origen a la radio como tal en 1914.
La más grande compañía de comunicación radial fue la Marconi Wireless Company, que ya existía en la época en que se inventó el telégrafo sin hilos, pero que obtuvo luego el monopolio de la radio. Sin embargo, a la Marconi el entusiasmo le duró poco porque el gobierno de los Estados Unidos la presionó para que vendiera acciones que fueron compradas por General Electric y RCA (Radio Corporation of América) y esta última heredó el tan codiciado monopolio de la radio, invento que fue patentado para ser usado solamente por el ejército norteamericano en la Primera Guerra Mundial, para fines exclusivamente militares.
En 1916 la historia de la radio da un nuevo giro. David Sarnoff, que en 1912 trabajaba con la Marconi Wireless Company, se había ganado la confianza de la élite industrial de la radio cuando en el mismo año emitió durante 72 horas mensajes de ayuda al Titanic; y luego, cuando pasó a trabajar a la RCA que tenía el nuevo poder, propuso en 1916 que la radio fuera de uso doméstico. La RCA, a quien la idea le quedó sonando, se asoció con AT&T (American Telephone and Telegraphe) para producir aparatos de radio.
Algunos programas no periódicos eran emitidos por radio luego de su lanzamiento comercial, pero en 1920 nace el primer programa regular, creado por Josef Conrad, un fanático de la radio y empleado de la Westinghouse Company, que emitía unos 30 minutos de música 2 veces en la semana y hablaba de la tienda del amigo que le prestaba los discos que sonaban en su emisora. Como la Westinghouse ve que el programa da resultados, a fin de lucrarse crea la primera emisora: KDKA New York.
Otras compañías notan el buen resultado que produce la emisora y comienzan a pedir licencias al Departamento de Comercio de EU para crear nuevas emisoras. Tan sólo en 1922 se habían expedido 670 licencias. Tras la creación de emisoras comienzan a nacer los géneros radiales, los primeros fueron de deportes y música. Las emisiones deportivas no se hacían completamente en directo; cada cierto tiempo y por vía teléfono, los emisores se enteraban cómo iban las cosas y transmitían la información por la radio.
En 1922, AT&T crea la emisora WEAF, donde alquilaban espacios de emisión, y con este motivo de capitalización nace la publicidad. La publicidad trajo diversidad de cambios para la radio, por ejemplo, los artistas que antes cantaban gratis para las emisoras comenzaron a cobrar su buena ración de dinero. También nacen las cadenas radiales.
La publicidad comenzó a volverse obsesiva al punto de que en la radio eran más las horas de pautas que de programas, por lo que el Departamento de Comercio tuvo que expedir una ley que contemplaba horarios específicos para emitir pautas publicitarias, 25 minutos de programas y 5 minutos de pautas, y que visiblemente no se cumplió en Colombia.
La radio comercial comenzó a nacer en 1923 y su consolidación tomó lugar hasta más o menos 1934, siendo el “boom” entre los años 1935 y 1948. También surgieron varias emisoras privadas de aficionados, que gozaban de cierta autonomía del Estado en cuanto a cuestiones económicas e ideológicas. Para la radio comercial, la programación depende de los gustos del público, sin embargo necesitaban financiarse abriendo espacios a pautas publicitarias, que producirían una reacción contraria del público.
La radio comercial adoptó el modelo Laissez faire utilizado por los Estados Unidos y adoptado por Colombia tardíamente en 1930.
Anteriormente, en Colombia se había iniciado, en 1915, la construcción de la primera estación radiotelegráfica de la Marconi, inaugurada por Pedro Nel Ospina en 1923, La estación internacional Morato. La radio fue introducida ese mismo año –aquí todo llega tarde– gracias a aficionados que habían viajado a Estados Unidos y habían quedado deslumbrados con el invento, y fueron ellos quienes la popularizaron con la creación de radiorreceptores caseros para transmisiones internacionales en onda corta.
Tres meses después de inaugurada la estación, se creó la ley 31 con la cual se estableció –burocráticamente- el Ministerio de Correos y Telégrafos que años más tarde controlaría la radiodifusión.
Pero no fue hasta 1929 o un poco más tarde que se dio el nacimiento oficial de la radiodifusión Colombiana, sólo cuando el Gobierno se percató de que necesitaba una voz oficial. La primera emisión de una radiodifusora privada se hizo en diciembre del ’29 por Elías Pellet Buitrago, que más tarde daría el nombre a su emisora “La voz de Barranquilla” y sería la primera emisora de carácter comercial. Medellín, Cali, Tunja, Manizales y Bogotá seguirían los pasos de Barranquilla y rápidamente crearon sus emisoras. La HJN fue la primera radio Nacional y controlada por el Estado, que brindó un importante apoyo a Olaya Herrera durante su campaña presidencial.
Para 1934 la explosión radial ya era impresionante. Aunque las emisoras privadas fueron en su primera fase experimentales, luego se consolidaron como radios comerciales, con programas culturales de poesía, música y comentarios de literatura; y programas humorísticos, como el tan recordado “Jorgito”.
Sólo en 1935 se comienza a hablar de periodismo en la radio. El accidente el avión de Scadta, en el mismo año, en el que murió Gardel fue presenciado por el periodista Henao Gaviria, quien llamó a la emisora “La Voz de Antioquia” que transmitió el accidente casi en vivo. Luego, las demás emisoras adoptaron el sistema de noticias radiales, leyendo la prensa en las emisiones. Esto generó un altercado entre radio y prensa, que fue resuelto con el decreto 627 que explicaba que sólo se podía leer la prensa luego de 12 horas de ser publicada.
Tras la valiosa invención de las radionoticias, surgieron otro tipo de programas como las radionovelas, el radioteatro, los radioconcursos propios de la década de los 40 como “Los catedráticos informan” y “Coltejer toca a su puerta” y los shows musicales.
La historia de la radio no termina aquí, es más, es posible que aún estemos en el comienzo; en nuestros días sigue siendo quizá uno de los inventos más aclamados, y tal vez sea mucho el camino que le falte recorrer. La radio ha sido de vital importancia para el mundo entero, y para Colombia no es la excepción. Personas que gozan de este único medio de información para enterarse de lo que pasa en el globo terráqueo; un aparato que hace llorar de alegría a muchos con un gol y de tristeza a otros con terribles reportes; la máquina que nunca falta en algún hogar ni en ningún lugar, y el invento que pese a su ya vieja invención sigue teniendo al mundo a la espera de sus palabras.

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