jueves, 25 de junio de 2009

Un abrir y cerrar de ojos

Cuando nacemos, abrimos los ojos para conocer el mundo.
Cuando envejecemos, los cerramos para olvidarlo.

Cuando queremos ver,
los párpados se nos separan por kilómetros.

Cuando queremos ver mejor,
Simplemente los cerramos.

¡Cuántas veces cerramos los ojos para ver mejor!

Los abrimos para ver,
los cerramos para mirar, para imaginar, para escapar.

Pero los abrimos de nuevo,
para escondernos de los fantasmas internos,
que aparecen en el silencio,
en la oscuridad de nuestros párpados cerrados.

Los abrimos para distraernos,
y los cerramos para divertirnos.

Los cerramos para olvidar,
los abrimos para reconquistar.

Y los volvemos a abrir para olvidar,
para olvidar lo que nos hace imaginar, y soñar, y sufrir.

Los abrimos para volver a la realidad.
Los cerramos para tener minutos de ensoñación.

Los cerramos para visualizar,
pero pronto los abrimos para no chocar.

Y los cerramos cuando estamos cansados del éxito monótono,
para enloquecer por dentro.

Y de nuevo los abrimos cuando no soportamos el fracaso de la fantasía.

Y los cerramos para tener, para sentir.
Y los abrimos para desaparecer, de golpe,
para ser invisibles.

Y así se pasa la vida,
en un abrir y cerrar de ojos,
para ver, para no ver,
para ver mejor, para vivir mejor,
o para pretender no vivir lo que nos toca.

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