miércoles, 8 de julio de 2009

Historias que invitan a recorrer el mundo

Así como para el periodismo informativo existen incontables manuales, el periodismo narrativo carece de casi todos ellos. Escribiendo historias. El arte y oficio de narrar en el periodismo, del maestro Juan José Hoyos, es un compendio de claves para escribir una buena narración periodística.

No hay parámetros para establecer un tema que deba tratarse o no en una historia o en una crónica, salvo que despierte interés humano, haya conflicto, genere emociones y suspenso, y en esto también se parece a las narraciones novelísticas, pero el periodismo narrativo supera la ficción, para traer, a modo de cuento o historia una situación de conflicto que ha de ser noticia.

El tema asalta al periodista como si fuera un arte. Pero el periodista necesita salir a “gastar la suela de los zapatos”[1] para encontrar el dato, la acción, el lugar, los momentos precisos para su obra, porque el escritor carece de imaginación, y su invención tiene siempre que ver con la memoria, con lo que recuerda, “no hay nada en la mente que no haya pasado antes por los sentidos”.[2] La memoria nunca sustituye el ejercicio de observación directa de la realidad.

Y el escritor periodista, no es bienvenido por su escritorio hasta que no haya hecho un completo trabajo de campo, o ‘inmersión’ como lo llaman en periodismo investigativo. Es cierto que en periodismo un sólo dato falso desvirtúa el resto de datos que pueden ser verdaderos[3], pero además de eso, el estilo narrativo debe poseer una gran lista de detalles, un conocimiento a fondo del tema, porque se trata de que el periodista sea a la vez un actor de la historia y sobrepase la línea que le obliga a ser sólo investigador; para escribir una historia de periodismo narrativo es necesario “haber pasado un atardecer y un amanecer en el lugar”[4].

Además, por la vena de la descripción fluye la sangre del estilo narrativo, que se preocupa por minucias y detalles que muestran como un video la historia, que revelan al lector personajes y lugares y hechos reales.

La meta final del periodista es sumergirse tanto como pueda en la historia, y sólo cuando ya esté seguro de tenerlo todo, cuando la investigación tienda hacia los resultados ya conocidos, es bienvenido por su escritorio, por su hoja de papel y su lápiz. Ahí es cuando el periodista se pregunta cómo convertir la realidad en palabras.

La historia en el estilo narrativo debe tener un clímax para atraer al lector. Debe desarrollar un conflicto y posteriormente revelar una resolución de éste. El punto medio entre ambos momentos es el la cumbre de la montaña, el clímax, al que el lector ha llegado expectante por medio de una explicación de detalles sobre el problema alrededor del cual gira la historia. El texto debe contener tensión, para envolver al lector, y debe estar cargado de significación.

El estilo narrativo constituye además una buena manera de aprender la vida: hay que saber convertir los problemas en oportunidades. La realidad, que es la materia prima del periodista, es siempre cambiante, y el periodista no puede resignarse a hacer mala cara cuando el tiempo se opone a que desarrolle una historia, porque a cambio la realidad puede brindarle otra.

Juan José Hoyos invita a dejar un poco de lado la falta de detalles y la ausencia de sentimientos propia del periodismo informativo. A cambio, nos propone un periodismo narrativo, sensible, que despierta emociones, que hace vivir la historia entre sus líneas a quien la lee. La perfección en la narración periodística, la marca el respeto del autor por los hechos, poniendo siempre datos verídicos en su texto.

La inmersión la marca un deseo incontenible de saber todo sobre un tema, unas anisas de saber, y que Hoyos define como el único medio para lograr una narración periodística.

En la historia del estilo periodístico hay una voz principal, una voz en primera persona, de un narrador omnisciente, la voz del narrador. Pero también combina voces de personajes, que son personas de carne y hueso, y voces documentales. La historia se convierte en un popurrí de voces donde la voz principal y que dirige la orquesta es la voz del narrador.

El narrador juega con el tiempo, para contar también con su voz hechos pasados, hechos presentes y hechos que podrán llegar a ser en un futuro.

Las claves para una exitosa narración periodística las constituyen una investigación profunda y una ética periodística incorruptible. La ética es la vocación del periodista, e implica un respeto total por la fuente, un respeto por su intimidad, por su espacio, una búsqueda de verdad, una comprensión cabal de la historia, respeto por la distancia y ante todo responsabilidad y compromiso.

Hoyos, hace un acercamiento histórico a las formas narrativas en el periodismo, y explica también los cuatro procedimientos básicos del periodismo narrativo, conocido también como Nuevo Periodismo: construcción escena por escena, registro del diálogo, presentar la historia a través de los ojos de un personaje, y la relación de gestos cotidianos, hábitos, manera de vestir, costumbres, estilos, etc., que existen dentro de una escena. A partir de estas bases se puede construir una historia real, detallada y descriptiva.

Por último, Juan José Hoyos habla sobre la formación del periodista. La experiencia de cada escritor es diferente, dice Hoyos, y el escritor es también quien decide cómo comportarse frente a los hechos y personajes. El periodista amante de la narración se juega la vida a cada instante, pero sólo podrá aprender a dominarse tras largos años de oficio y aprendizaje.

Juan José Hoyos nos regala esta obra llena de mucha narración, nos invita a observar la realidad con detenimiento; nos enseña a convertir problemas en oportunidades, y a llevar su libro bajo el brazo, para que no llegue el diluvio y nos encuentre sin él.

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[1] Gay Talese
[2] Santo Tomás de Aquino
[3] Gabriel García Márquez
[4] Germán Castro Caycedo

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