domingo, 26 de julio de 2009

La muerte y yo

El día que cumplí trece años, morí. Ese día lloré por primera vez. Y a partir de ahí no volví a tener vida. Ahora, que dicen que tengo dieciocho y un poco más, me sigo sintiendo de trece.
Mis obsesiones comenzaron a los trece. Comencé a pensar en amor a los trece. Eso fue lo que me mató. Se supone que amor es lo contrario de muerte, o eso dice la etimología: ‘amor = a + mor’, a es sin, mor es muerte, amor es la falta de muerte.
Pero nunca he creído en el amor, entonces creo que siempre he estado muerta.
Si, como hace una semana. Amé durante dos días, y al siguiente ya estaba muerta. Fue más una obsesión de trece años. Ya estoy cansada del amor, lo he dicho en repetidas ocasiones. Prefiero la muerte, prefiero morir. Porque mi ser no concibe amar, y morir es lo más parecido a lo que yo puedo hacer. Yo creo que lo más parecido al amor a lo que puedo llegar es a la obsesión. No me puedo imaginar amando, simplemente la palabra no cabe dentro de mí. Como mi obsesión con la muerte, que me hace pensar que amo la muerte. No puedo parar de pensar en ella, en la muerte, tan pálida, tan negra, tan profunda, tan filosófica. La muerte y yo nos amamos, ya hace tiempo que nos casamos, y no nos queremos divorciar, para el que esté pretendiendo quitármela. Mía, sólo mía. La muerte me escogió a mí entre un montón que se pelean por morirse primero. ¿Qué habrá visto en mí? Que nadie más lo ha visto…

1 comentarios:

Diego Londoño dijo...

pero comoo... jaja rebien linaa, me gustó mucho. Pero el mismo Amor a escribir es lo que te tiene pegada de este blog publicando para que nosotros leamos con un amor parecido al que sentimos cada vez que leemos lo que escribís...

Abrazo Sonoro,

Diego Londoño
www.musicasomos.net