domingo, 12 de julio de 2009

Manos que transforman vidas

Texto escrito por: Lina María Moreno Restrepo, María Isabel Palacio Montoya.

Clara muestra las cicatrices provocadas por ella misma en sus muñecas blancas y dice que eso se lo hizo cuando estaba en el hospital psiquiátrico. “Yo no quería vivir más, me quería morir”, dice Clara; “me tenían que amarrar porque yo intentaba quitarme la vida con lo que tuviera a la vista”, y muestra su muñeca izquierda con unas líneas más blancas que la piel de todo el brazo.
Clara, desde hacía varios años estaba teniendo experiencias aterradoras, como ella las describe. Al principio le daban unos temblores, “como un temblor de tierra. Comenzaba a llorar de un momento a otro sin saber por qué”, la embargaban la angustia y la tristeza, al punto que llegó a sumirse en una depresión muy profunda y tuvieron que internarla en el hospital psiquiátrico varias veces. “Entonces me empezaron a medicar, y a buscarle la razón a esa depresión tan fuerte”. Tomaba demasiados medicamentos y cuenta que llegó a un nivel en que estaba casi perdida, los médicos ya la habían diagnosticado como depresiva mayor y paciente con trastorno bipolar, “ya no tenía vida”. Algunas veces la droga le hacía más efecto que otras, e incluso había momentos en los que se encontraba estable. “Entonces, en un episodio de esos en que estaba bien, alguien que me conocía me dijo que hiciera un nivel de Reiki que eso me podía servir mucho. Yo nunca había oído mentar el Reiki”. Clara consiguió el teléfono de Carlos Arturo, el primer maestro de Reiki en Colombia, y lo contactó para hacer el primer nivel.


Carlos Arturo Hidalgo había recorrido un largo camino en su formación de vida religiosa. Se había formado con los Carmelitas y prácticamente sus padres lo habían educado para que fuera cura. En una ocasión, tuvo la oportunidad de viajar a Puerto Rico, cuando ya se le estaba agotando el tiempo para hacer votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. “Entonces yo me enfermé, y me di cuenta que la vida religiosa no era lo mío”. “En la clínica donde me hospitalizaron por unas fuertes crisis de asma, estaba el que más adelante sería mi maestro de Reiki. Al verme tan mal, me puso las manos por tres días consecutivos y la crisis de asma desapareció”. Carlos cuenta que luego tuvo el coraje y la valentía para renunciar a la trinidad, y a partir de ese momento comenzó a sentir una gran curiosidad por el Reiki, quería saberlo todo, de qué se trataba, quería acceder a él. Pero en esos tiempos, hace diecisiete años, los precios para iniciarse en el Reiki eran sumamente costosos y muy pocos podían aprender esta forma de sanación.
Un día Carlos recibió un dinero como regalo, el exacto para realizar el primer nivel de Reiki, e inmediatamente se inscribió. “Me enamoré del Reiki, decidí hacer a un lado la vida religiosa, y dirigir mi vida a la formación de maestro Reiki".
“Cuando hablamos de Reiki estamos hablando de la energía espiritual del universo, es una energía que no es excluyente”, dice el Maestro. Reiki es una palabra japonesa que significa ‘energía vital universal’, es una curación por medio de la imposición de manos.
A mediados de 1870, Mikao Usui, un sacerdote japonés, comenzó una extensa búsqueda para averiguar la manera en que Jesús sanaba. Estuvo por más de diez años recorriendo el mundo en busca de respuestas. Cuando volvió a su país natal, desesperado por no encontrar resultados, un sacerdote amigo le sugirió que se retirara durante 21 días a una montaña, en los que haría meditación profunda. Usui siguió las instrucciones, pero habían pasado 20 días y aún no encontraba las soluciones que esperaba. Durante la noche del veinteavo día, Mikao tuvo una revelación: una luz entró por su chakra del tercer ojo y le reveló todos los símbolos Reiki. A partir de ese momento se convirtió en el primer maestro y descubridor de esta forma curativa, que más tarde enseñaría a sus discípulos. Uno de ellos tuvo una paciente llamada Hawayo Takata, quien aprendió el Reiki y lo trajo a América, y a partir de ese momento se inició su difusión por todo el continente.
“Cuando volví a Colombia me puse en la tarea de fundar ReikiColombia”, dice el Maestro, y afirma además que una de las metas de la institución es que el 5% de la población colombiana sea reikista. “En cualquier barrio, en cualquier familia debe haber por lo menos un reikista”.
ReikiColombia ha dictado cursos en todos los departamentos del país, enseñando los niveles I, II, y III del Reiki y la maestría, con la cual se puede instruir. “ReikiColombia nace con la necesidad de difundir el Reiki y hacer de éste una propuesta más amplia, más dinámica y con tarifas muy económicas, en donde muchas personas puedan dar testimonio de que es una energía que verdaderamente funciona. El Reiki es una herramienta que nos puede ayudar a vivir mejor, a vivir en un eterno presente sin la angustia del pasado y sin la angustia del futuro”.
"El Reiki es incluyente para el pobre, el rico, el bonito, el flaco. Es una energía de tanta fuerza que la misma Organización Mundial de Salud le dio un aval”, expresa Carlos Arturo.


Clara aprendió la autoterapia con el Maestro y empezó a aplicarla. “Comencé a sentirme mejor, tranquila, relajada, no sentía la angustia. Entonces empecé a tomar decisiones y dije que debía mermar la droga, pero el médico me decía que no podía. Sin embargo yo lo hice y continué haciendo autoterapia”. Como Clara comenzó a sentirse bien, pasados cinco años de haber hecho el primer nivel, decidió hacer el segundo, también con el Maestro, y gracias a la fuerza que adquirió esta vez, pudo dejar por completo su medicación. Clara acaba de hacer el tercer nivel y espera poder llegar a ser maestra Reiki. “Para mí ahora todo es Reiki. Todo, la salud de mis niños, la tranquilidad de mi hogar, todo”, expresa Clara mientras una sonrisa se dibuja en su rostro. “Me habían diagnosticado trastorno bipolar, depresión mayor, y me dijeron que no podía dejar de tomar los medicamentos. Y mirá como estoy de bien, gracias al Reiki”.
Clara recuerda otra de sus experiencias con el Reiki, en la que un día su niña se cayó con un vaso en la mano y se cortó. La sangre no paraba de salir y la niña pedía a su mamá que la llevara al hospital. Clara le dijo que se tranquilizara y envolvió su manito con las suyas. Inmediatamente la sangré se estancó. “Es muy curioso porque estanca la sangre ahí mismo y quedan como coagulitos de sangre, no sigue chorreando”, cuenta Clara.


“Es algo con lo que se te acaban las palabras, a mí me da un sentimiento de alivio, de felicidad, de tranquilidad, de alegría”, dice Natalia con sus ojos aguados, mientras el rostro poblado por las líneas de sonrisas que en otro tiempo fueron robadas, se llena de luz. Ella, quien es madre de tres hijos, en medio de sus problemas se deja contagiar por la sonoridad de la palabra Reiki, permite que la inunde y la envuelva en un aire de tranquilidad, donde la belleza se conjuga con el bien para dar paso a una sanación espiritual.
Cuenta que por más o menos diez años sufrió de un trastorno de pánico. “Uno siente miedos y angustias, es muy incomodo, sobre todo cuando no te dan un diagnóstico a tiempo. Yo estuve viviendo diez años de lo mismo y nunca jamás supe que era eso”. Debido a sus constantes crisis, hace ocho años visitó a un psiquiatra. Él le dijo que debía tomar una medicación de por vida y Xanax durante dos años.
El año pasado, en medio de la vida normal que llevaba, pero siempre apegada a una droga, encontró una terapia que le permitiría canalizar las energías y encontrarse consigo misma. Su cuñada le habló del Reiki. En un principio, Natalia, no sabía muy bien qué era, pero tenía entendido que se relacionaba con el crecimiento personal y la sanación. Entonces, motivada por la iluminación que llegaría a su vida y las cosas positivas, hizo el primer nivel. “En él, Carlos Arturo me dijo que sí tenía esa enfermedad ya no necesitaba la medicación, que yo misma iba a tratar con eso y sentí la tranquilidad de poder dejar la droga”. Sin embargo, cuando Natalia habló con el psiquiatra, él le aconsejó que no la dejara, que la tomara con menos frecuencia, pero que lo siguiera haciendo.
En un viaje que hizo a China llevó poca medicación. Resolvió que no dejaría de tomarla en ese momento, porque “el miedo más grande que a uno le puede dar es no tener la medicina en un sitio alejado. Entonces dije que la iba a llevar, pero no en mucha cantidad, y desde febrero de este año no tomo nada, no tengo miedo, no tengo susto de que me vaya a repetir, no pienso en eso y estoy completamente aliviada”. En medio de sus ansias por sacar toda la emoción, por plasmar con voces a veces un tanto altas sus alegrías, sus sorpresas, pero sobre todo al recordar lo que era su vida antes, le da gracias a Dios. A su cabeza llegan los pensamientos que la embargaban durante aquella época: “Dios si me vas a dejar así el resto de mi vida, acuérdate de mí”. Ella sabía que tenía que salir adelante por sus tres hijos, pero su interior se frustraba al sentirse tan enferma. Ahora con la ayuda del Reiki ha encontrado armonía. Sus ojos crecen cuando dice que el Reiki le dio valor y la puso en un camino de transformación.


En el refuerzo del segundo nivel de Reiki, Natalia conoció a Pablo, un administrador de empresas. Cuenta cómo él durante la sesión decía que gracias al Reiki ahora se miraba al espejo y se sonreía, “seguramente no lo había hecho antes y el Reiki le dio la oportunidad de regalarse a sí mismo una sonrisa diaria”. Natalia piensa que cuando uno se regala una sonrisa a sí mismo, es capaz de brindársela a cualquiera, “pero mientras uno no sonría y se deje llenar por la luz que irradia la cara, entonces ahí si no es capaz de dársela a otra persona”.
“Yo decía que por la mañana me veo y me saludo en el espejo, lo que no hice durante cuarenta años, porque uno se levanta y ve su rostro cansado, agitado, aún hinchado por la dormida. No ve los cambios que se van dando paulatinamente y le aportan a uno como ser humano” dice Pablo. Él cree firmemente que el Reiki trajo a su vida cosas muy positivas, cambios en su salud y actividades. Le dio más amor por su familia, le ayudó a conocerse a nivel interno y lo mejoró como persona.
Hasta el día de hoy no hace prácticas de sanación. Su proyecto principal es auto-curarse y es consciente de que el Reiki ha influido de una manera enorme en lo que ahora es él. Le ha traído cosas grandes a nivel profesional, económico y sobre todo familiar, “el reencuentro con mi esposa, con mis hijos que se habían perdido y aquí los encontré”.
Pablo comenta que los que asisten a Reiki son una sola familia que se viene aumentando, son una sola fuente con una voluntad interna de cambiarse a sí mismos para luego llegar a otros. “Lo cierto es que somos energía y eso se puede manejar, podemos sanar muchas cosas y disponernos para recibir otras tantas que están ahí, a la vuelta de la esquina, y ahí en el espejo de tu lugar, pero que tu nunca lo has querido ver.”


Lucina es una profesora de un colegio de la ciudad. Define su experiencia con el Reiki como un proceso de tranquilidad. Cuenta cómo en medio de una situación difícil, debido a un traslado, logró equilibrarse y mantener la calma. “Yo me sentía serena porque ya había hecho el primer nivel de Reiki y eso me daba paciencia”.
Cuando llegó al lugar donde iba a trabajar, se enteró de que el puesto ya lo habían ocupado. Prácticamente no tenía empleo, sus compañeros le insistían que buscara un abogado, una asesoría jurídica, algo que la ayudara y no la dejara esperando en vano. “Me sentía como en un círculo, yo estaba adentro y afuera las miradas de las personas, los compañeros; todos me preguntaban si no le iba a encontrar solución al problema y yo les decía que esperaría porque confiaba en que el puesto era mío”.
Decidió ir un mes entero al lugar del trabajo, iba de ocho a once de la mañana. Nadie le dijo que fuera pero ella siguió yendo como para que no se olvidaran de que aún su problema estaba sin resolver. Dice que esa decisión la tomó sola, el Reiki le permitió hacerlo, porque le dio la fe necesaria. “Efectivamente, al poco tiempo me llamaron y me dieron el grupo”.


Juan Camilo y Johan son estudiantes de medicina apasionados por el tema de la curación. Un día Johan estaba buscando información sobre terapias alternativas, y se asombró un poco cuando el Reiki apareció en la pantalla de su computador. Ninguno de los dos había escuchado hablar de Reiki alguna vez. En internet decían que era la curación por imposición de manos. “Entonces encontramos la página de ReikiColombia, averiguamos cuando era el próximo curso y nos inscribimos”.
Juan Camilo ha hecho dos niveles. Dice que lo principal que el Reiki le ha brindado es tranquilidad, “porque yo soy muy acelerado”. “Gracias al Reiki y a la meditación he logrado calmarme más, estar más pendiente de las sensaciones que hay en el mundo. Siempre trato de conectarme con la energía”.
Además, relata que además ha tenido experiencias paranormales con el Reiki: “Yo siempre he tenido la idea de que existe un ángel guardián, de algo que lo protege a uno, y gracias al Reiki pude volver a conectarme con ese ser espiritual, pero más visualmente. No es que yo haya visto que tenía dos ojos y un cuerpo, lo que veo es como un ser de luz”. “El Reiki para mí es como la estabilidad, porque yo soy muy agitado, muy preocupado, y el Reiki me brinda mucha estabilidad”.
Juan Camilo, quien sufre de una tendinitis por causa de un accidente ocurrido cuando practicaba deporte, cuenta que frecuentemente le duele mucho la rodilla. “Gracias al Reiki se me mermó mucho el dolor, porque antes yo me paraba y si dejaba la rodilla completa en extensión me dolía. Con el Reiki ya puedo volver a hacer ejercicio. Volví a hacer spinning y a trotar”.
“Llegué al Reiki porque me gustaba mucho la idea de poder sanar a las personas, y como dice el Maestro “la sanación es como la sana acción”, entonces el Reiki invita a actuar de la forma correcta siempre”, expresa Johan. Él dice que el Reiki se complementa mucho con su carrera, y que le gusta mucho poder aplicarlo para ayudar a otras personas. Cuenta que la experiencia del Reiki, cuando se aplica con los niños, es algo maravilloso, porque son muy receptivos. En el semestre en que vio pediatría, Johan aprovechó para hacer Reiki a los niños, y dice: “cuando lo aplico con niños, es muy bueno. Por ejemplo llegaba un niño con un cólico, con un dolor abdominal o llorando, y uno le ponía las manos e inmediatamente se le quitaba el dolor, dejaba de llorar. Era excelente”.
Dos médicos generales le habían diagnosticado a Johan hipertrofia de cornetes y rinitis crónica. Era necesaria una operación, pero antes tenía una cita con un especialista. Uno de los médicos le recetó un medicamento, pero Johan no quiso tomarlo, en vista de que sus efectos secundarios podían no ser buenos. Entonces, durante todos los días antes de la cita con el especialista realizó mucho Reiki. El día de la cita, cuando el médico le revisó la nariz, le dijo que estaba perfecto, que no tenía hipertrofia ni rinitis crónica como le habían diagnosticado. Evidentemente, no fue necesaria ninguna operación.
Cuando Johan empezó a estudiar medicina, tuvo que venirse a vivir solo a Medellín. Sus papás se habían quedado viviendo en Andes, un pueblo del suroeste de Antioquia. Estaba extrañando a su familia, entonces hizo Reiki. “Utilicé uno de los símbolos del Reiki que sirve para acelerar los procesos, entonces a mi mamá le resultó un traslado para Medellín y se vino para acá, y ya estamos viviendo todos juntos, que era lo que yo quería”. “Con Reiki puede pasar de todo. He llegado hasta arreglar el mouse del computador”, cuenta Johan, que define al Reiki como un “amor incondicional”.


‘Amor’ es también lo primero que le llega a la cabeza a Luz Dary cuando le mencionan la palabra Reiki. Luz Dary conoció el Reiki por medio de su hermana, la maestra Doralba Vélez, quien ha hecho un gran trabajo de difusión del Reiki en la ciudad de Medellín. Doralba y otros seis maestros de Reiki, fundaron la asociación Asoreikistas, la única registrada en Medellín por la Cámara de Comercio. La asociación dedica sus dones sanadores a prestar servicio a la comunidad y a hacer trabajo social con pacientes que padecen cáncer.
Uno de los casos de pacientes con cáncer le ocurrió a un sobrino de Luz Dary y Doralba. Al joven le diagnosticaron leucemia a cuando tenía trece años. Luz Dary recuerda los gritos de dolor del joven cuando le aplicaban el tratamiento de quimioterapia. Ver al muchacho en ese estado, desconsolaba a la familia, que se sentía impotente por no poder hacer nada para ayudarlo. Fue entonces cuando Doralba, hermana de Luz Dary, se ofreció a realizar una terapia del Reiki al joven. Ella dijo que no lo podía curar, pero que podía aliviar un poco su dolor y calmar su desesperación. También podría darle más tranquilidad a la familia.
La Maestra expresa que los reikistas no son sanadores, sino canales de sanación por los que fluye la energía sanadora del universo.
Doralba comenzó a aplicar Reiki a su sobrino y su dolor se calmó. La familia también sintió más tranquilidad y relajación. Poco después, el joven murió, pero el Reiki le ayudó a dejar este mundo de una manera más tranquila.
De hecho, Luz Dary cuenta que, para ella, el amor y la muerte son cosas que causan mucho dolor. Hace dieciocho años, mucho antes de que Doralba comenzara sus estudios de Reiki, mataron a un hermano suyo y la muerte golpeó fuertemente a la familia. Les dio mucha dificultad superar ese episodio tan doloroso. Mientras que, con ayuda del Reiki, la aceptación de la muerte de su sobrino se hizo más llevadera, porque “el Reiki le proporcionó a toda la familia paz y tranquilidad”, y al ver partir al joven de manera tranquila, les facilitó también soportar su muerte. “No es que no nos haya dolido la muerte, sino que pudimos tener mayor calma gracias al Reiki”, cuenta Luz Dary.
Un tiempo después de la muerte del niño, toda la familia se fue a pasear a las cabañas de Empresas Públicas en Coveñas. Cuando estaban en la playa, una niña salió del mar llorando, “a los gritos”, como cuenta Luz Dary. La había picado una aguamala y el dolor que le provocaba era muy fuerte. Doralba, que estaba presente, se quedó asustada por la reacción de la niña, acudió adonde ella y puso sus manos en los pies de la pequeña, que fue el lugar de la picazón. El poder sanador de las manos de la maestra Doralba, tranquilizó a la niña, que en pocos segundos dejó de llorar y se calmó; también había desaparecido el dolor. Luz Dary narra que todos los presentes quedaron impresionados por la manera en que la niña se tranquilizó.
Luz Dary dice que el Reiki lo que transmite es una energía. “Lo que Doralba hace es manejar las energías para poder sembrar la tranquilidad y la relajación, que es una parte primordial para soportar cualquier situación de adversidad”.
Doralba, por hacer una broma a su hermana dice que le debe varias cirugías. A Luz Dary le salió una bolita en el paladar superior. Su odontóloga le dijo que debía hacerse una biopsia, porque era algo muy extraño que podía ser maligno. Como Luz Dary es mamá de dos hijos, se asustó mucho y lo comentó a su hermana. Estaba muy asustada porque en su familia ya había muerto alguien por cáncer. Doralba le realizó a su hermana curación a distancia, que según la Maestra, “solo puede hacerse por medio del amor incondicional”. Este tipo de curaciones las realiza el maestro desde cualquier parte del mundo a una persona, transmitiendo la energía sanadora del universo. Cuando luz Dary acudió a su cita para la biopsia, el médico le dijo que no tenía nada. Doralba le dijo que le había hecho mucho Reiki, preocupada también por sus sobrinos. Desde eso, Luz Dary cuenta que nunca más volvió a aparecer la bolita en su paladar.
La Maestra Doralba, dice que el Reiki es una práctica complementaria de la medicina, no la sustituye, de hecho, menciona que “sería irresponsable que alguien dejara de ir donde el médico y sólo asistiera a Reiki”. “El tratamiento Reiki es a nivel físico, mental y espiritual. En la medicina tradicional, si una persona tiene un morado, le curan el morado, la herida o lo que tenga, y ya. Con el Reiki hay que ir hasta la raíz de la situación. Hoy por hoy la mayoría de pacientes de cáncer, de leucemia o de cualquier tipo de problemas, son pacientes que simplemente están somatizando dolores, tristezas, problemas, dificultades, emociones normales del ser humano, pero que no fueron evacuadas del cuerpo y de la mente adecuada y oportunamente”.
“Yo llevo seis años trabajando con el Reiki, cosa que no estaba planeada, porque además soy ingeniera de sistemas y no tenía nada que ver con el tema. Pero, finalmente la vida me puso en una situación que me llevó a realizar primer, segundo, tercer nivel de Reiki y por último la maestría”, cuenta Doralba, y agrega que “lo importante en el Reiki son la dedicación y las ganas de servir, sentir amor incondicional”.


El ahijado de Doralba, Pablo Botero, un joven que ahora tiene 17 años, padeció de leucemia cuando tenía 14. Doralba cuenta que fue una historia muy particular, porque hacía varios años su sobrino había muerto de leucemia.
Pablo padecía una enfermedad letal. Llevaba algún tiempo realizando quimioterapia, pero no parecía mejorar. La medicina intravenosa aplicada en los tratamientos de curación le provocaba un dolor inimaginable. Doralba ofreció realizar tratamiento de Reiki al joven. Pablo cuenta que, cuando oyó sobre esta práctica complementaria de curación se sintió muy interesado en ella, y curioso por saber de qué se trataba el asunto y expectante de que tal vez pudiera aliviar su dolor, accedió a realizar la terapia. Cuenta que la primera vez que acudió, lo hizo más por experimentar. La sesión le proporcionó la calma y la esperanza necesarias para superar su enfermedad.
Pablo dice que lo que se siente con el Reiki “es un relajamiento, un tratamiento de relajación”; sentía su cuerpo liviano cuando recibía el tratamiento, y despejaba su mente de todos los pensamientos, era capaz de dejar la mente en blanco.
Él siente que su vida ha cambiado después de haber recibido tratamiento con Reiki y siente ahora mayor tranquilidad. De hecho dice que desde el primer momento en que tuvo contacto con el Reiki sintió una energía diferente en su vida.
El Reiki, además de haber ayudado a la curación física de la leucemia de Pablo, colaboró con su sanación espiritual. Dice que en la parte en que más ha sentido la actuación del Reiki ha sido en su mente y en su espíritu, y siente que lo que más le ha brindado el Reiki es confianza. Pablo expresa que con el Reiki siente una energía de libertad, una paz interior.
El Reiki ha cambiado a Pablo como ser humano, él siente que ha cambiado su actitud frente a las otras personas, y que ahora es mucho más abierto, mucho más comprensivo. También lo ha enriquecido en su salud, en su vida diaria, en la paz que ahora siente, y asegura que su salud comenzó a mejorar desde el momento en que recibió Reiki. Le ha brindado alegría por haber superado su enfermedad y por ver los resultados que el Reiki ha logrado en él.
Pablo manifiesta que el Reiki le brindó la fuerza y la seguridad necesarias para recuperarse, y que igualmente ayudó a su familia, pues al ver su confianza, ellos también sintieron que debían tener esperanza. La buena energía que fluía a través de Pablo, se vio reflejada también en su entorno.
El Reiki jugó un papel muy importante para la curación de Pablo. Para él Reiki, no es simplemente una palabra en japonés, sino una esperanza de vida, una luz en el camino que le permitió volver a tener salud y le insufló seguridad propia.
“Él recibió muchas terapias, yo le hice energía a distancia. Luego lo visité en la clínica y después en la casa. Finalmente hizo el primer nivel y se hizo auto terapia”, cuenta Doralba. Agrega que “la leucemia es una enfermedad terminal, es un cáncer de médula ósea y él en este momento vive como una persona normal, no está en tratamiento. Le tuvieron que hacer quimioterapia y radioterapia; a él le practicaban esto cada dos o tres días, y yo le hacía siempre Reiki para que los efectos colaterales de la quimio y la radio no lo tumbaran, porque son tratamientos muy fuertes, deterioran mucho a las personas, y él se recuperó rápidamente”.
Doralba dice: “Para mí es muy interesante esta historia, porque a mí me tocó todo el rollo con mi sobrino que murió de leucemia. Los dos tuvieron él mismo tratamiento médico y mi sobrino no aguantó a pesar de haber sido muy sano, muy fuerte y muy lindo, pero llegó un momento en el que tuvo una crisis y se fue”.


Fue Beatríz quien busco el Reiki. Estaba atravesando una situación muy difícil, todo se le había juntado y ya no sabía que otro camino coger. Por medio de Doralba, gran amiga suya fue que pudo acceder a terapias.
Con el tiempo, el Reiki se le fue convirtiendo en una necesidad. Aunque los problemas se recrudecieron, ya no existía la angustia y en cambio contaba con la energía y la fuerza para resolverlos. Luego vino la época en donde cada cosa fue tomando su sitio, le resultó un empleo, se fue a vivir a otro lugar. Además, en ese tiempo estaba sola y consiguió pareja. Todo fue muy distinto, más satisfactorio. “Entonces yo empecé a pensar que el Reiki era una manera de vivir, una forma de situarse en el mundo, era un soporte para entender todo este tipo de situaciones.”
Una persona muy cercana a ella, con una adicción a heroína, iba a tener un proceso de hospitalización. No tenía ninguna posibilidad de recuperación. Entonces, Doralba y Beatríz pensaron que sería bueno hacerle terapia Reiki. “Eso igual si no le servía no le hacía daño. En el estado en que estaba ya nada más lo podía afectar. Entonces lo llevé, inicialmente, con su escepticismo, y la maestra Reiki le hizo una terapia muy larga. Respondió de una manera sorprendente, incluso asistió al Congreso de Heroinómanos de Psiquiatría como una experiencia positiva. Por eso es que yo digo que el Reiki es cambio, presencia y felicidad, es ver la vida con otros ojos.”
Beatriz comenta que “el Reiki no interfiere con las religiones, pero las religiones si interfieren con el Reiki. Cuando uno se mete con una filosofía como el Reiki, una filosofía oriental, el mundo y la percepción de mi misión cambian. Ya no es una concepción tan pegada a los preceptos religiosos, son unas cosas mucho más etéreas que puedes ir construyendo tú misma, y empieza uno a entender que todos pertenecemos a una misma religión porque todos perseguimos el mismo tema, llámese como se llame: Dios, fuerza; pero eso no significa que hay que buscarlo desde la religión. Cada uno lo encuentra.”
Su vida cambió. Dejó de lado los paradigmas y permitió que la energía fluyera a través de ella. Asumió una actitud distinta frente a los problemas. El viento la empezó a tocar de otra manera, se llenó de cambio, transformación y una felicidad enorme.
Sin embargo, hay quienes piensan que el Reiki es cuestión de fe. Luz Dary, la hermana de la Maestra, dice que “el Reiki funciona por la fe que uno le tiene, por la creencia que uno tiene en esa energía”.
Andrés, un iniciado en el primer nivel, cuenta que al principio fue muy duro creer en el Reiki, porque se confiesa un “escéptico a morir”. Sin embargo, dice que el Reiki le cambió su vida y su manera de pensar, y que finalmente comprobó que la energía del Reiki es realmente sanadora. Había tenido síntomas de paludismo durante tres días, y al tercer día se realizó una autosanación. Andrés afirma que “al otro día estaba perfecto y aliviado”, y que este tipo de situaciones aumentaron su fe.
Y tras un montón de experiencias y adversidades que combina el Reiki, Pablo expresa: “Somos familia, todos somos una sola fuente, no política, no alineación, no, nada de eso. Solamente somos seres humanos con una voluntad interna, primero de cambiar nosotros para llegar a otras personas, y ya de ahí, que se produzcan milagros que transformen al mundo”.

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