lunes, 6 de julio de 2009

"Por el libre desarrollo de la personalidad"

ENTREVISTA CON CARLOS GAVIRIA
Por: Lina María Moreno Restrepo
linis_m91@hotmail.com

Carlos Gaviria, considera que el uso de las drogas debe estar sustentado en el artículo 16, que reza el libre desarrollo de la personalidad, y que la privación de la libertad no es el medio para tratar al adicto.

Carlos Gaviria es abogado de la Universidad de Antioquia. Se estableció como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y en 1994 lideró la despenalización de la dosis personal de droga.
Su ideología liberal, lo ha llevado a defender en numerosos debates el consumo de droga, teniendo no pocos enfrentamientos.
Desde que el presidente Álvaro Uribe llegó a la presidencia, ha hecho incansables intentos por volver a penalizar el uso mínimo de droga, al punto de habérsele convertido en una obsesión, como lo dice Gaviria.
Carlos Gaviria, habló de porqué considera que el uso de las drogas debe ser legal y despenalizado.



Lina Moreno: En primer lugar, sugiero que se haga una breve reflexión sobre cómo ha sido el debate que se ha dado en el país con la dosis personal, y cómo han sido los matices.
Carlos Gaviria: Todo esto hay que marcarlo dentro de lo que es la lucha contra la droga. Pero de otro lado hay que tomar en cuenta lo que es, desde el punto de vista del consumo, la preservación de la autonomía de la persona. Yo fui ponente de la sentencia que despenalizó el consumo de la dosis personal de droga en 1994, es la sentencia 221 de 1994. Lo que se propuso en la Corte fue una demanda contra uno artículos del Estatuto Nacional de Estupefacientes, que contemplaba bienes privativos de la libertad o tratamiento forzado para los consumidores de droga. La Corte analizó el problema a la luz de la constitución de 1991, y llegó a la conclusión de que hace parte de la autonomía personal, lo que la Constitución consagra como libre desarrollo de la personalidad, que una persona pueda consumir droga sin que sea sancionada penalmente.
Es un debate bastante viejo, de lo que permanentemente cobra actualidad y entre nosotros muy especialmente, porque el doctor Uribe ha hecho de esto una obsesión. Prácticamente, desde que llegó a la presidencia, ha hecho varios intentos por volver a penalizar el consumo de droga, y pienso que la opinión pública colombiana ha cambiado tanto, que a pesar de todo el poder que tiene el doctor Uribe, ha sido difícil introducir ese cambio constitucional.
En este momento creo que lo que pretende es, desistiendo ya de las penas privativas de la libertad, obligar al drogadicto o al consumidor de droga a que se trate, lo que también me parece que es atentatorio contra la autonomía de la persona.
Naturalmente que, las dos posiciones frente a la droga, y específicamente frente al consumo son: una la vía de la penalización, y otra, la vía que la Corte considera mucho más acorde con lo que es una democracia, con lo que es la propia Constitución Colombiana de 1991, que es la educación y las medidas preventivas y de salud pública. De modo que, a pesar de que la Corte no se ocupó de la producción ni del comercio, porque ese no era tema suyo, lo que se demandó fueron los artículos que hacen relación al consumo.
Hay un mensaje claro, en el sentido de que la lucha contra las drogas, específicamente contra el narcotráfico, por la vía coactiva ha fracasado, y es necesario buscar otras formas, que son simultáneamente más eficaces y más amables, más a tono con lo que es una democracia.

L.M.: ¿Qué opina de la decisión del Presidente de presentar por sexta vez un proyecto de ley que penalice el consumo de la dosis mínima?
C.G.: Yo creo y digo lo siguiente: por una parte, el doctor Uribe es una persona de una mentalidad muy conservadora, y desde luego, dentro de la mentalidad conservadora no cabe la idea de que las drogas puedan combatirse de una manera pacífica con medidas educativas y con medidas de salud pública que con la coacción. Pero hay incluso algo que han subrayado algunos periodistas, y es que como entre él y yo ha existido una relación que en algún tiempo fue cordial, pero que siempre ha sido tensa, en el sentido de que hemos estado ubicados en dos campos ideológicos muy distintos, él prácticamente ha hecho de eso un conflicto de orgullo; y cada vez que se revela una nueva discrepancia entre él como gobernante y yo como dirigente de oposición, entonces él amenaza nuevamente con que va a penalizar el consumo de droga, y eso se ha vuelto una obsesión. Y es muy posible que, teniendo una mayoría tan grande como la que tiene el Congreso, ahora lo consiga, pero lo que yo quiero decir es que ese es un retroceso significativo. El ex-presidente César Gaviria, que era presidente en el momento en que se dictó la sentencia, que fue en mayo de 1994, amenazó con que se iba a convocar un referendo con el objeto de que se volviera a penalizar el consumo de droga. Sin embargo ha pasado el tiempo, quince años, y el doctor Gaviria en este momento es uno de los abanderados, con Eduardo Enrique Cardozo, el ex-presidente del Brasil, y con otros dirigente políticos importantes de Latinoamérica, que se han hecho a la idea de que la lucha contra las drogas por el camino de la coacción no ha rendido frutos, y están pidiendo que se revise la política frente a las drogas a nivel internacional, y específicamente han pedido que se despenalice el consumo de la marihuana.

L.M.: Para muchos, la opinión del presidente Uribe es radical, porque sólo trata de lo punitivo y de lo que se debe sancionar ¿Qué opina usted de la tesis del presidente?
C.G.: Él tiene una mentalidad, ideológicamente, muy conservadora, que lo lleva a preferir los métodos coactivos a otros métodos más a tono con la democracia; y que en la medida en que se ha agudizado más el enfrentamiento ideológico entre él y el Polo, entonces queda más intensificado su propósito de volver a penalizar el consumo de la dosis mínima.

L.M.: ¿Cómo se siente de ser considerado abiertamente por la opinión pública, como un representante defensor del consumidor?
C.G.: Me siento sumamente bien, porque yo profeso una filosofía política liberal, en el sentido en que hay que defender las libertades públicas y los derechos individuales; y hace parte de esa defensa, la defensa de la autonomía personal, que por primera vez se incorpora a nuestra constitución bajo el nombre, en el artículo 16, del libre desarrollo de la personalidad. Yo pienso que por una parte esas medidas (penalizar el consumo de droga) son ineficaces, como lo he dicho, pero por otra parte, atentan en materia grave contra la autonomía de la persona. Es posible desestimular el consumo de droga, porque es que yo no considero que el consumo de droga sea deseable, de ninguna manera, sino que una conducta como esa, que es indeseable, puede desestimularse mediante instrumentos mucho más a tono con la democracia e instrumentos más amables que la privación de la libertad.

L.M.: ¿Cómo interpreta usted al colombiano común y corriente, que hasta cierto punto es moralista y en cierto modo conservador frente a las costumbres, y que en algunos debates defiende la libertad absoluta, por ejemplo frente a temas como el aborto o el consumo de estupefacientes?
C.G.: Yo no creo que sea una libertad absoluta, porque ningún derecho es absoluto; todo derecho está sometido en su ejercicio a unas ciertas condiciones. Por ejemplo, el consumo de droga está sometido a muchos condicionamientos: que no se siga una molestia contra la paz de la gente, contra la tranquilidad del hogar, que la gente no vaya a consumir droga en lugares donde se interfiera con la vida tranquila, con la vida pacífica, que no se haga en el trabajo, etc. El doctor César Gaviria decía en ese momento que si entonces los pilotos iba a poder conducir los aviones después de haber consumido coca o marihuana, y decíamos que de ninguna manera, de la misma manera en que a pesar de que el consumo del licor es libre en Colombia, no es posible que una persona conduzca un avión en ese estado. Tanto los manuales de convivencia de los colegios, como los reglamentos de trabajo, tienen que proscribir ciertas conductas para que el trabajo sea eficaz y que no implique ningún riesgo.
Me parece que hay muchas personas que, siendo de mentalidad conservadora, empiezan a defender el consumo no penalizado de droga, porque la propuesta es bastante razonable. No se trata de decir que las personas consuman, sino que no hay derecho a que si una persona consume droga y lo hace de una manera que no atente contra la libertad de los demás, ni contra los derechos de los otros, sea penalizado. No me parece que ese tipo de conductas deba ser parte del código penal. Nosotros tenemos, infortunadamente, en Colombia, una tendencia que consiste en que cada vez que encontramos que hay una conducta socialmente indeseable, entonces pensamos que la mejor manera de combatirla es convirtiéndola en delito; y si ya es delito, entonces la mejor manera de combatirla es duplicando la pena. Yo creo que hay que apelar a medidas que están mucho más a tono con lo que es la democracia, y el gobernante en una democracia tiene que ser más imaginativo, que el déspota y el dictador al que se le ocurre que todo lo que es indeseable o socialmente dañino, es necesario combatirlo con la cárcel. Nosotros pensamos que la educación es sumamente pertinente en este caso. No porque yo crea que toda la persona educada, que sabe que del consumo de droga se siguen consecuencias nocivas para su salud, se va a abstener de consumir, pero el Estado si está, al menos, en la obligación de suministrarle a la persona una información suficiente para que su decisión de consumir o no consumir sea una decisión libre.

L.M.: ¿Qué réditos o qué ganancia política puede tener en tiempos como estos, que nos preparamos para elecciones presidenciales, una propuesta de legalización del consumo de estupefacientes?
C.G.: Yo no he hecho ese tipo de cálculos, porque yo tengo frente a la política una actitud muy distinta. Yo pienso que no es legítimo mentir para conseguir votos, y después, cuando se esté en el gobierno, decir que lo que se dijo en la campaña carecía de valor. Yo he defendido muchas conductas o muchas medidas que son, impopulares, pero creo que lo más honesto es que, incluso dentro de una campaña política se contribuya a la moralización de una sociedad, mostrando qué conductas son realmente dañinas y cuáles no lo son, y si hay discrepancias y éstas se traducen en renuencia a votar por uno, pues ese es el costo que debe pagarse.

L.M.: Si usted fuera un padre de familia, con un hijo consumidor ¿Qué haría? ¿Cómo actuaría como padre y cómo como político?
C.G.: Exactamente de la misma manera. No me gusta citar ejemplos personales, pero en mi casa nunca ha estado prohibido nada, ni el consumo de licor ni el consumo de droga, nada. La consecuencia ha sido que de mis hijos, ninguno consume licor, ni ninguno consume droga, y no porque se les haya prohibido, sino porque en realidad han optado por no consumir, por la educación que se les ha dado sin reprimirlos y sin prohibirles. Muchas veces se busca la conducta prohibida en la medida en que está prohibida.

L.M.: ¿De dónde se tomó la idea de la despenalización del consumo de droga, de otro país, o la idea siempre había existido?
C.G.: La Corte no es que haya decidido por su cuenta el tomar esa desición. La Corte Constitucional actúa a solicitud de sus ciudadanos. Una de las funciones que tiene la Corte es, cuando un ciudadano demanda una ley por considerar que viola la Constitución, examinar si en realidad esa ley viola o no la Constitución. Y por tanto, la Corte Constitucional, lo que hizo en ese momento fue eso, respondiendo a una demanda ciudadana, llegó a la conclusión de que algunas normas del Estatuto Nacional de Estupefacientes, que castigaban con penas privativas de la libertad el consumo de droga, atentaban contra la libertad personal bajo el rubro de libre desarrollo de la personalidad, contra la autonomía de la persona. Ordinariamente, se piensa que el narcotráfico se sigue de la convivencia con las drogas, cuando el narcotráfico se sigue más bien es de la represión contra las drogas, el comercio y el consumo.

L.M.: ¿En la agenda política del país, en medio de la actualidad política que se prepara para elecciones, qué importancia y qué orden de prioridad tiene el debate de la droga?
C.G.: Yo creo que el debate sobre la droga tiene que hacer parte de la agenda de todo partido político, porque es un problema que es universal, y ese es el problema del narcotráfico, que ha permeado a Colombia. El consumo es apenas una de las fases del narcotráfico y a nuestro juicio, las políticas represivas en el campo del narcotráfico, lo han estimulado. Concretamente, el narcotráfico subsiste porque la droga es cara, y la droga es cara porque su comercio está prohibido. Si el comercio no estuviera prohibido, entonces la droga no sería cara y por tanto no se derivarían de su comercio las ganancias que hoy se derivan. Sería lo mismo que una persona comprara una determinada cantidad de cocaína, o una cantidad determinada de marihuana, que comprar en una licorera una botella de whisky o una botella de aguardiente, que no se mira mal, a pesar de que los efectos nocivos del alcohol son incluso peores que los efectos de la droga. Lo que sucede es que somos muy conniventes y muy tolerantes con el alcohol, estamos metidos dentro de una cultura alcohólica, entre otras cosas porque el propio Estado ha derivado beneficios de la venta de licor.
Yo cito en la sentencia una reflexión de Octavio Paz, que decía que entre nosotros, que somos tributarios de la cultura occidental, y que la cultura occidental posiblemente tiene sus raíces en Grecia, y que en Grecia los diálogos platónicos transcurrían mientras se consumía vino, y eso nos ha hecho bastante tolerantes con el alcohol. Mientras que la droga, se ha vinculado mucho más con el oriente, los viajes internos y las experiencias interiores; entonces Octavio Paz dice que entre nosotros, el que consume licor está en su ley, pero el que consume droga es un heterodoxo. Entonces, son asuntos, limitaciones, condicionamientos culturales contra los cuales también hay que luchar.

L.M.: En su momento, Carlos Ossa Escobar, que fue contralor, fue sorprendido con un puchito de marihuana y tuvo que admitir que consumía. ¿A un político, que es una figura pública, que tiene representación popular, se le debería exigir no consumir? ¿Cómo aparece como una figura pública que consume?
C.G.: Yo pienso que todo esto hace parte de una transformación de la cultura. Yo fui quien promovió el nombre de Carlos Ossa para que fuera ternado para la contraloría. La Corte Constitucional, incluyó en la terna para contralor a Carlos Ossa, y en eso intervienen además el Concejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia. Lo hice por dos razones: primero porque considero que es una persona competente para desempeñar ese cargo y creo que lo desempeñó bien. Pero en segundo lugar, para desestigmatizarlo. No hay derecho a que por las circunstancias, de que a una persona en el equipaje le encuentren un pucho de marihuana, esa persona quede inhabilitada para ejercer cargos públicos. Si le encuentran una botella de whisky no pasa nada, y por tanto ser borracho no pugna con el desempeño de funciones públicas; pero consumir un pucho de marihuana sí. Yo pienso que es necesario hacer una claridad, yo creo que eso contribuye a un cambio provechoso en la conciencia social, no se puede inhabilitar a una persona por una circunstancia de esa naturaleza. Si es que los funcionarios públicos tienen que ser ejemplo de conductas que no deban ser reprochables, fíjese en lo que está pasando con el Presidente de la República, con el gobierno actual. Yo creo que a nadie le queda duda de que hubo cohecho, de que hubo soborno, de que hubo ofrecimientos ilegítimos para obtener votos en la primera reelección del doctor Uribe, entonces de ahí el colombiano extrae como conclusión que es legítimo sobornar, que es legítimo comprar conciencias con el objeto de conseguir bienes que se consideran deseables. Eso sí me parece a mí completamente perjudicial. Pero que una persona sea sorprendida fumando marihuana, no me parece que deba ser socialmente sancionado siquiera, a no ser que esa persona, en la circunstancia de fumar marihuana, se derive una conducta antisocial, agresiva. Pero hay muchas personas que consumen la droga pacíficamente y eso hace parte, justamente, de su intimidad, de su autonomía y de su libertad personal, y me parece que eso también hace parte de la educación que a la gente debe darse.

L.M.: Si se legalizara el consumo de droga, el Estado tendría que responder también por los tratamientos y tendría que hacerse responsable ¿Cómo consideraría usted ese hecho?
C.G.: Es que yo no parto de la base de que si se legaliza el consumo de droga, el consumo se va a disparar, porque la legalización tiene que ser coetánea a medidas preventivas, a medidas educativas y por tanto no creo que fuera a dispararse la necesidad de que muchas personas fueran tratadas en hospitales o en entidades públicas de salud. Vivir en sociedad implica siempre riesgo, entonces nosotros podríamos decir que como hay tantos accidentes de tránsito, sería mejor prohibir el tránsito de vehículos motorizados por la ciudad para que el Estado no tenga que enfrentar muchas veces los tratamientos que se siguen por accidentes de esa naturaleza. Yo creo que las conductas socialmente nocivas o peligrosas hay que tratarlas de manera razonable, y desde luego que el Estado tiene que enfrentarse a ciertos riesgos. Pero uno de los retos o desafíos que la democracia acepta, es que las personas gocen de un buen margen de libertad, así se sepa que del ejercicio de ese margen puedan seguirse conductas que el Estado tenga que atender.

L.M.: La dosis personal establecida de marihuana es de 20 gramos. Sin embargo, este valor es muy arbitrario y depende mucho de la persona, pues mientras unos se drogan con 5 gramos, otros pueden apenas llegar a ese estado con 40 ó 50 gramos. ¿Cómo se estableció esta cantidad?
C.G.: Es que es arbitrario incluso establecer dosis, porque cuando a mí me preguntaban que si me parecía que una persona podía drogarse hasta sumirse en la inconsciencia y suicidarse, yo decía que no, que incluso lo que se despenalizó fue el consumo de una dosis mínima o el porte de una dosis mínima; y yo preguntaba que cuál es la dosis mínima en materia de licor, la gente toma es para emborracharse, y a una persona, si se toma más de una botella de whisky o de aguardiente no la sancionan en absoluto; la sancionan si de ese estado de embriaguez se siguen conductas delictuales como riñas, lesiones personales, homicidios, o una persona que conduciendo ebria atropella a alguien, a esa persona hay que sancionarla, pero no por haber estado ebria, sino por haber atentado contra la vida de alguien. De modo que hay que subrayar algo importante, y es ¿de qué manera somos mucho más tolerantes con el alcohol, que también es una droga, que con la marihuana y con la cocaína, porque ni siquiera hay límite para el consumo de licor?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ell estabecimiento de la dosis personal fue la puerta a alentó y alienta el microtráfico en Colombia.Se pregunta entonces,será justo sancionar al expendedor de droga cuando éste está colaborando, con su conducta, a que la juventud lleve a cabo su libre desarrollo de la personalidad.Fuese muy bueno que el gurú gaviria nos diga desde qué edad el niño adquiere el derecho al libre desarrollo de su personalidad?Las enseñanza de los padres, acaso no interfieren con su desarrollo?Para el guru Gaviria las enseñanzas insertas en la urbanidad de carreño atentan contra se derecho pues tal parece que, para él, el prototipo del hombre normal es el brocha en otras palabras, el hoy denominado hippy personaje reacio a normas de conducta.