sábado, 11 de julio de 2009

Soy ladrona

Lo que uno escribe nunca le pertenece. Porque la inspiración siempre llega de algún lado, y no de uno. Proust, el novelista francés, salía a las calles en busca de inspiración cuando ya no tenía que más escribir en sus hojas. Porque “no hay nada en la mente que no haya pasado antes por los sentidos”, y todo lo que sabemos es lo que recordamos, y todo lo que escribimos es lo que sabemos y recordamos.

No puedo pretender recibir tomatazos o aplausos por un escrito, porque nada de lo que he escrito me pertenece, nada es mío, y violaría los derechos de autor. Cada texto proviene de alguna experiencia, que ya no es de mi propiedad, porque es pasada, y cuando escribo, lo que vivo es diferente del pasado. Además, admito, robo la vida de otras personas para escribir. He oído que el único pecado existente es el robo, todos los demás se derivan de él: el hurto de amor, el hurto de cariño, el robo de tristeza, o de experiencias… Pues bien, me confieso una ladrona, y lo grito a los cuatro vientos. Porque he robado el amor de otras personas para escribir, pero ese amor no me pertenece. He robado el odio, la rabia, para componer, pero tampoco son míos, son de otros.

Y ya que ando de buenas para las confesiones, quiero devolver mis textos a quien pertenecen. Porque me los robé y hace mucho tiempo. No los he devuelto, pero eso haré. “El caso bucólico”, pertenece a una Lina que quiso ser el jinete de “Carmen”, de Prosper Merimeé. Lo devuelvo, a la vieja España que hablaba vascuence, en épocas de gitanos y desamores, y a las buenas hierbas de Navarra. Esa historia la escribí con palabras que saqué de una sopa de letras, se la devuelvo a la sopa.

“La hora de mi muerte”, es de una Lina que odia su rutina, que necesita de la soledad para no ahogarse, que necesita del silencio. Toma, Lina.

Y para Jorge… pido muchas disculpas porque le robé muchos poemas. Ahora sé porqué se sentía falto de energías por aquellas épocas. Le devuelvo “Qué pocas épocas”, “Mi obsesión”, “Ahorita hablamos”, “¿Cuál es tu color favorito?”, “Yo se lo advertí y no me hizo caso” y “De la cabeza a los pies”. Ya entenderán porqué me siento tan culpable de mis hurtos.

Los dos “Sin título”, escritos en septiembre de 2008, son de Andrés. Ha pasado casi un año y aún los conservaba, ya son de él otra vez.

“Vinolencia en una noche decembrina” pertenece a un cuchillo, con ansias de asesinar, y recorrer los cuellos tibios, blanquecinos, en una noche decembrina. También le pertenece un poco a diciembre, por la violencia de su nombre, por el misterio que inspira, por la inocencia de quienes viven en ese mes.

“Escribir en un texto la vida” es de la Lina que anhela una muerte cuando siente que nadie puede conocer sus pensamientos.

Y ahora…ahora me siento mucho mejor. Tengo las manos vacías, sin nada que ofrecer, pero sin nada que deber.

Pido disculpas a todos los afectados por mis robos, y pido disculpas porque les seguiré robando, es mi deber, es mi trabajo, es mi labor. Soy ladrona y nada puedo hacer para acallarlo.

1 comentarios:

Lucas Vargas y Sierra dijo...

Algún día me confesaré también, y devolveré un par de cosas que tengo por devolver.

Un saludo