jueves, 20 de agosto de 2009

Anoche toqué una estrella

Esto lo escribí el 24 de agosto. El poema está inconcluso, porque estaba esperando una inspiración que nunca llegó para terminar de escribirlo. Ayer, buscando un archivo lo encontré. No recordaba que lo había escrito. Y ahora estoy mucho más segura de que esa inspiración que necesitaba para concluirlo nunca llegará, porque la fuente de la que provenía se extinguió.


Anoche toqué una estrella.
Era como el hielo,
fría, helada, gélida.
La noche estaba oscura,
y las estrellas danzaban,
entre las nubes se escondían,
rezaban, jugaban, corrían,
nadaban, como delfines,
entre olas de vapor.
Las estrellas son los delfines del cielo,
tan calmas, tan dulces.
Las estrellas son las luciérnagas del firmamento,
y alumbran pastizales de nubes,
con luces intermitentes,
que prenden y apagan.
Anoche toqué una estrella,
la cogí entre mis manos,
y brillaba, con su luz blanquecina
en mis manos manchadas de pintura.
Y le hablaba, a mis oídos adoloridos por la música.
Y preguntaba, a mi boca untada de poesía.
Y rozaba mis manos, untándolas de polvo de estrellas.

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